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Una triste utopía: cuando la esperanza de la paz fue asesinada el 7 de octubre

Escrito por Gustavo

Avi Levy —Alberto Levy— es profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, doctor en Ciencias Económicas y en Psicología, académico y autor de numerosos libros sobre estrategia, liderazgo y comportamiento organizacional.

En este ensayo reflexiona sobre una de las consecuencias menos analizadas de la masacre del 7 de octubre: la destrucción de la confianza de muchos israelíes que, durante décadas, habían trabajado por la convivencia, la cooperación y la paz con los palestinos.

Historia y Noticias publica a continuación su texto íntegro.

Por Avi Levy
Desde Buenos Aires


Como judío no israelí —aunque profundamente sionista— no sé si tengo derecho de escribir este pensamiento. Pero como judío sé que tengo la obligación de decir lo que creo. Nosotros lo llamamos “integridad”.

Hay tragedias que se miden por el número de muertos, por la magnitud de la destrucción o por el sufrimiento de los sobrevivientes. Sin embargo, existen otras cuyo alcance histórico solo puede comprenderse cuando se advierte que, junto con las vidas humanas, también mueren determinadas ideas. La masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023 no solo constituyó el mayor asesinato colectivo de judíos desde el Holocausto; también destruyó, al menos para una parte muy importante de la sociedad israelí, una de las utopías políticas y morales más nobles que había nacido en el propio Estado de Israel: la convicción de que la convivencia pacífica con Gaza podía construirse mediante el contacto humano, la cooperación económica, el diálogo y el reconocimiento mutuo.

Los kibutzim ubicados junto a la Franja de Gaza representan una parte muy singular de la historia del sionismo. Nacidos mayoritariamente bajo la influencia del sionismo laborista, fueron concebidos como comunidades agrícolas cooperativas donde el trabajo, la igualdad, la solidaridad y la construcción nacional formaban parte de un mismo ideal. Aunque con el paso de las décadas la composición política de estas comunidades se volvió mucho más diversa, una proporción significativa de sus habitantes continuó identificándose con posiciones de centroizquierda, con una fuerte defensa de la democracia liberal israelí y con la búsqueda de una solución negociada al conflicto palestino-israelí (Near, 1992; Shapira, 2012).

No existió nunca una identificación institucional entre los kibutzim de la frontera con Gaza y el movimiento Shalom Ajshav (Peace Now), pero sí una profunda afinidad sociológica, cultural e ideológica. Shalom Ajshav nació en 1978 impulsado por oficiales de reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel que sostenían que la seguridad de Israel debía complementarse con una solución política estable basada en el reconocimiento recíproco entre israelíes y palestinos. Numerosos miembros de los kibutzim del Néguev occidental participaron activamente en sus manifestaciones, compartieron sus principios o apoyaron públicamente sus propuestas, convencidos de que el futuro de Israel no podía depender únicamente de la superioridad militar sino también de la construcción de una paz duradera (Hermann, 2009).

Esa convicción no quedó reducida al plano del debate político. Durante décadas, muchos habitantes de comunidades como Be’eri, Nir Oz, Kfar Aza, Nahal Oz, Kissufim y otras localidades cercanas desarrollaron relaciones cotidianas con trabajadores palestinos provenientes de Gaza, promovieron proyectos conjuntos, defendieron públicamente la ampliación de permisos laborales para los gazatíes y colaboraron con múltiples iniciativas humanitarias. Numerosos agricultores empleaban mano de obra palestina cuando las condiciones de seguridad lo permitían; voluntarios israelíes trasladaban regularmente pacientes de Gaza hacia hospitales israelíes para recibir tratamientos especializados; organizaciones civiles impulsaban programas de asistencia médica y cooperación; y muchos residentes sostenían que mejorar la calidad de vida de la población gazatí constituía, además de un imperativo moral, una inversión estratégica para disminuir la radicalización y fortalecer las posibilidades de convivencia futura.

Quizá ninguna figura simbolice mejor ese espíritu que Vivian Silver, histórica militante por la paz, integrante de Women Wage Peace y una de las voces israelíes más activas en favor de la cooperación con los palestinos. Durante décadas promovió proyectos de diálogo, organizó ayuda humanitaria y colaboró para que pacientes palestinos pudieran acceder a atención médica en Israel. El 7 de octubre fue asesinada en el kibutz Be’eri por los terroristas de Hamás. Su muerte adquirió inmediatamente un valor simbólico porque representaba exactamente aquello que el terrorismo decía combatir: una mujer judía convencida de que la dignidad humana debía prevalecer sobre el odio.

Algo semejante ocurrió con Oded Lifshitz, fundador del kibutz Nir Oz, periodista, activista por los derechos humanos y voluntario durante años de la organización Road to Recovery, dedicada a transportar gratuitamente pacientes palestinos desde Gaza y Cisjordania hacia hospitales israelíes. Lifshitz fue secuestrado el 7 de octubre y posteriormente asesinado. Durante décadas había defendido públicamente el derecho de los palestinos a vivir con dignidad, convencido de que la cooperación constituía el único camino racional para ambos pueblos.

También Hayim Katsman, asesinado en Holit, dedicó buena parte de su vida académica y personal al estudio de los procesos de paz, del diálogo interreligioso y de las posibilidades de convivencia entre israelíes y palestinos. Su trayectoria reflejaba una generación de israelíes que no concebía el compromiso con la seguridad nacional como incompatible con la defensa de los derechos humanos y la búsqueda permanente de entendimientos políticos.

Estas personas no constituyen excepciones aisladas. Numerosas investigaciones sociológicas han mostrado que los kibutzim próximos a Gaza concentraban uno de los electorados más favorables a las negociaciones de paz y a la solución de dos Estados dentro de la sociedad israelí. Sus habitantes no ignoraban los riesgos de vivir junto a una organización terrorista como Hamás; simplemente creían que la respuesta de largo plazo no podía limitarse exclusivamente al empleo de la fuerza. Apostaban simultáneamente por la seguridad y por la construcción de condiciones económicas, sociales y humanas que hicieran posible un futuro diferente.

La hipótesis que inspiraba ese esfuerzo era profundamente humanista: cuando las personas encuentran oportunidades de trabajo, desarrollo y contacto cotidiano con el otro, disminuyen las probabilidades de que prosperen el odio, el fanatismo y la violencia. Esa idea había sido sostenida por múltiples corrientes del pensamiento liberal, socialdemócrata y humanista contemporáneo y encontraba respaldo en numerosas experiencias internacionales de reconciliación después de conflictos prolongados.

Precisamente por ello, la elección de los objetivos del ataque del 7 de octubre posee un enorme significado histórico. Hamás no atacó únicamente bases militares o instalaciones estratégicas. Irrumpió deliberadamente en comunidades civiles cuyos habitantes, en muchos casos, habían dedicado buena parte de sus vidas a defender la cooperación con los palestinos. Entre las víctimas hubo personas que durante años habían transportado enfermos gazatíes hacia hospitales israelíes, promovido programas de ayuda humanitaria, defendido mayores permisos laborales para trabajadores palestinos o participado activamente en organizaciones pacifistas. La masacre no distinguió entre quienes promovían el diálogo y quienes sostenían posiciones mucho más duras respecto del conflicto. La violencia fue indiscriminada.

Ese hecho introduce una dimensión moral particularmente desgarradora. El terrorismo no destruyó solamente vidas humanas; destruyó también una confianza cuidadosamente construida durante décadas. Muchos israelíes que habían dedicado su existencia a tender puentes descubrieron, de la forma más brutal imaginable, que esos puentes podían ser utilizados por quienes jamás compartieron el objetivo de la convivencia. Para una parte importante de la sociedad israelí, el 7 de octubre significó el derrumbe psicológico de una esperanza que había sobrevivido a guerras, atentados y sucesivas frustraciones diplomáticas.

Nada de ello implica sostener que la búsqueda de la paz haya perdido legitimidad moral. La paz continúa siendo una aspiración irrenunciable para cualquier sociedad democrática. Lo que sí cambió profundamente fue la percepción acerca de los supuestos necesarios para alcanzarla. La experiencia del 7 de octubre llevó a muchos israelíes a concluir que la cooperación económica, la ayuda humanitaria y el diálogo solo pueden prosperar cuando la otra parte reconoce previamente el derecho del Estado de Israel a existir y renuncia inequívocamente al terrorismo como instrumento político.

Quizá esa sea la dimensión más triste de aquella jornada. No solo fueron asesinados hombres, mujeres, ancianos y niños. También fue asesinada una parte importante de la confianza sobre la que descansaba una generación entera de israelíes que había decidido apostar por el entendimiento. La tragedia consistió, precisamente, en que muchas de las primeras víctimas fueron personas que jamás habían dejado de creer que el futuro podía construirse junto a quienes vivían del otro lado de la frontera.

Por eso, el 7 de octubre de 2023 no representa únicamente una catástrofe humanitaria ni solamente un fracaso de inteligencia militar. Constituye también el colapso de una de las utopías más nobles de la historia contemporánea de Israel: la esperanza de que la cooperación, la solidaridad y el reconocimiento mutuo pudieran abrir el camino hacia una paz estable. Cuando fueron asesinados quienes más habían trabajado por esa esperanza, el terrorismo no solo buscó matar personas; procuró demostrar que incluso la confianza podía convertirse en una víctima más de la barbarie.

Avi Levy

Referencias

Drory, Z., Lewin, E., & Ben-Ari, E. (2017). Kibbutz under Fire: Back to the Days of Sickle and Bayonet. Journal of Rural Studies.

Gelvin, J. L. (2021). The Israel-Palestine Conflict: One Hundred Years of War (4th ed.). Cambridge University Press.

Hermann, T. (2009). The Israeli Peace Movement: A Shattered Dream. Cambridge University Press.

Morris, B. (2001). Righteous Victims: A History of the Zionist-Arab Conflict, 1881–2001. Vintage.

Near, H. (1992). The Kibbutz Movement: A History. Oxford University Press.

Shapira, A. (2012). Israel: A History. Brandeis University Press.

United Nations. (2024). Report of the Independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, and Israel.

Congressional Research Service. (2023). Israel and Hamas October 2023 Conflict: Frequently Asked Questions (FAQs).

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