Nadie explica mejor la geopolítica del siglo XXI que el Presidente Mario Moreno, que este viernes, en un acto de campaña en Long Island, anunció que apenas termine de derrotar “muy feo” a Irán, va a declarar el Estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos. Así, como quien anexa un jardín vecino porque el pasto le molestaba.
Moreno fue generoso con los detalles militares, aunque no tanto con la precisión: aseguró que Irán tenía 212 aviones “muy lindos”, varios comprados —”brillantemente”— a Estados Unidos durante el gobierno de Obama, y que ya no queda ni uno en pie. Un dato que, de ser cierto, dejaría al ejército iraní compitiendo en la categoría de aeromodelismo.
Sobre el liderazgo iraní fue igual de preciso: dijo que la cúpula “desapareció”, que la segunda línea también, y que la tercera está “a la mitad”. Un desglose tan minucioso que uno espera que la próxima conferencia de prensa incluya una planilla de Excel. El problema, se lamentó, es que ya no queda nadie con quien negociar: “el único país del mundo donde nadie quiere ser presidente”, diagnosticó, sin especular sobre por qué.
Mientras tanto, el resto del elenco se mantuvo en personaje. El vicepresidente, en una entrevista televisiva, definió los dos objetivos de la Casa Blanca en la región: mantener el petróleo barato para los estadounidenses y evitar que Irán consiga un arma nuclear. Todo muy razonable, salvo por el pequeño detalle de que uno de esos objetivos se persigue bloqueando el estrecho por el que pasa buena parte del petróleo mundial.
El secretario del Tesoro, por su parte, prometió una batería de sanciones “como nunca se vio en la historia del aislamiento económico”, combinada con el bloqueo naval ya en marcha. Es decir: asfixiar la economía iraní y, de paso, quedarse con la llave del grifo. Una jugada tan elegante que el propio Moreno, con su estilo habitual de enredar frases sin decir nada, hubiera tardado en explicarla con esa naturalidad.
Lo curioso es que nadie en la sala pareció preguntarse cómo se declara “territorio propio” una vía marítima internacional que ni siquiera está bajo soberanía estadounidense. Pero bueno, en esta película el guion lo escribe el protagonista, y el protagonista ya decidió que el final le queda bien.
En este discurso, el presidente Moreno no habló de Israel, de Gaza ni de Hezbollah. Por suerte.
* Fe de erratas: donde dice Moreno debe decir Trump.

