Américas

Piedra, papel, tijera y aritmética: por qué Perú ya tiene presidenta electa, aunque nadie lo haya proclamado todavía

Escrito por Gustavo

Todos jugamos alguna vez al piedra, papel o tijera. Y todos sabemos que el resultado no depende de quién grita más fuerte ni de quién tiene más simpatizantes alrededor de la mesa. Depende de una regla simple: tijera corta papel, papel envuelve piedra, piedra rompe tijera. No hay relato que cambie eso. Hay una regla, y la regla decide.

En la segunda vuelta peruana entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez está pasando algo parecido. Hay un relato —el de un empate técnico eterno, el de una incertidumbre que dura semanas— y hay una regla, que en este caso no es de juego sino de aritmética. Y la aritmética, con los datos que ya están publicados, dice algo bastante claro: Fujimori gana. No por mucho, pero gana.

El marcador de hoy: 1 a 0, con el partido por terminar

Al cierre de esta nota, con el 98.258% de actas contabilizadas, Fujimori tiene 9,036,046 votos y Sánchez 9,034,743. La diferencia es de 1,303 votos. Parece nada, sobre casi dieciocho millones de sufragios. Pero ese número no es el final del partido, es el resultado parcial. Y lo que falta por jugar —los votos pendientes— ya tiene equipo conocido, cancha conocida y, en buena parte, hasta el resultado de los partidos anteriores de esos mismos equipos.

Vamos a jugarlo.

Lo que falta contar, y de dónde viene

Quedan, en términos prácticos, dos bolsones de votos. Uno chiquito: nueve actas de Yaquerana, en Loreto, varadas por mal clima, que representan apenas un par de miles de votos y que, según la tendencia de esa región (54.3% a 45.6% a favor de Fujimori), no mueven el amperímetro.

El otro es el que importa: más de 1.600 actas observadas, repartidas entre los Jurados Electorales Especiales de todo el país, que entrarán al cómputo en los próximos días. Y acá viene lo interesante: sabemos de dónde son la mayoría de esas actas, y sabemos cómo votaron esos mismos lugares en las mesas que ya se contaron.

Lima: el bloque más grande, y un dato que no deja dudas

Más de 900 de esas actas observadas son de Lima Metropolitana. Y los distritos donde están concentradas —Ate, San Juan de Lurigancho, Surco, San Martín de Porres, San Juan de Miraflores, Chorrillos, Comas, Cercado y Villa María del Triunfo— tienen algo en común: en ninguno de ellos ganó Sánchez. En Ate, Fujimori se impuso 55.6% a 44.4%. En San Juan de Lurigancho, por 17 puntos de diferencia. En Surco, por un contundente 78.9% a 21.1%. En el agregado de las actas observadas limeñas ya conocido, Fujimori suma 30,000 votos contra 24,000 de Sánchez.

Traducido al lenguaje del piedra, papel o tijera: estas no son canchas neutrales. Son canchas donde uno de los dos equipos ya venía ganando todos los partidos anteriores.

Cusco: el único contragolpe real, y por qué no alcanza

Hay un lugar donde el patrón se invierte, y hay que decirlo con la misma honestidad con la que se dice todo lo anterior: Cusco. En las actas observadas de esa región, Sánchez le saca a Fujimori 7,948 votos contra 2,427. Es la única zona donde el dato duro favorece claramente a Juntos por el Perú, y de hecho ese resultado casi empata, por sí solo, la ventaja que Lima le da a Fujimori.

Casi. Porque ahí no termina el partido.

El desempate: el exterior y la costa

El voto de los peruanos en el extranjero, con el 94.5% ya escrutado, le da a Fujimori 63.4% contra 36.6% de Sánchez. El remanente de ese 5.5%, si mantiene la proporción, suma unos 4,500 votos netos más para ella. Y a eso se agrega Callao y Piura, dos plazas que —según los propios reportes de seguimiento del conteo— también favorecen al fujimorismo, aunque con menor margen que Lima.

Sumando todo: Lima empata casi exactamente con Cusco. El exterior y el bloque Callao-Piura-resto, que no tienen un “Cusco” propio que los compense, son los que inclinan la balanza. La proyección, con los datos disponibles hoy, ubica el resultado final en una ventaja de entre 16,000 y 26,000 votos a favor de Fujimori.

¿Es un hecho? No. ¿Es una apuesta? Tampoco.

Hay una diferencia entre adivinar y proyectar. Adivinar es decir “creo que gana Fujimori porque tiene más entusiasmo”. Proyectar es decir “estos distritos, con estas actas pendientes, vienen votando así, y por lo tanto es razonable esperar que el resto de sus actas vote parecido”. Lo primero es opinión. Lo segundo es estadística aplicada a datos públicos, verificables, con fecha y fuente.

Lo que no se puede hacer todavía es decir el número exacto. Pero la dirección, con la información que hay sobre la mesa, ya no es una incógnita. Es una regla. Y la regla, esta vez, también decide.

El resultado oficial y definitivo lo proclamará el Jurado Nacional de Elecciones recién a mediados de julio, después de que los 60 Jurados Electorales Especiales resuelvan cada una de las actas pendientes. Hasta entonces, lo único que cambia es el margen. No el ganador.


Texto: Gustavo Beitler con asistencia de Claude (Anthropic). Imágenes: Gemini (Google).

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