El 9 de junio publicamos el primero de tres artículos sobre las elecciones peruanas. Dijimos que Keiko Fujimori sería la presidenta electa del Perú. Lo dijimos cuando el conteo oficial apenas superaba el 90% de las actas y la diferencia entre los dos candidatos era de apenas unos cientos de votos. Lo dijimos cuando nadie lo proclamaba, cuando los medios peruanos hablaban de empate técnico y cuando la izquierda peruana ya preparaba sus denuncias de fraude. Lo dijimos porque los números lo decían. Hoy, con el 99,41% de actas contabilizadas, los números siguen diciendo lo mismo, solo que con más claridad.
Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, acumula 9.161.571 votos válidos contra 9.120.984 de Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. La diferencia es de 40.577 votos, equivalente a 0,22 puntos porcentuales. En términos electorales, eso es poco. En términos matemáticos, en el contexto de esta elección específica, es una distancia que no se puede cruzar.
Explicamos por qué.
Quedan por resolver aproximadamente 1.635 actas observadas, documentos que los Jurados Electorales Especiales deben revisar antes de que el Jurado Nacional de Elecciones pueda proclamar el resultado oficial, previsto para mediados de julio. Cada acta representa en promedio entre 150 y 195 votos válidos. El universo máximo de votos aún no incorporados al conteo final ronda los 286.000, con un margen de error que lo ubica entre 245.000 y 319.000. Redondeando hacia arriba, estamos hablando de unos 300.000 votos pendientes. A primera vista, eso parecería suficiente para revertir una diferencia de 40.000 votos. No lo es. La razón está en la geografía.

De esas 1.635 actas observadas, el 65% proviene de Lima y el Callao, es decir, unas 993 actas. Otras 557 corresponden al resto del país y 85 al exterior. No es una distribución neutral. Lima es el bastión más sólido de Fujimori en esta elección: con el 99,04% de actas contabilizadas en esa circunscripción, la candidata de Fuerza Popular obtiene el 63,56% de los votos válidos contra el 36,44% de Sánchez. En el exterior, la ventaja de Fujimori fue todavía más pronunciada, con alrededor del 63% de los sufragios, una diferencia que en términos absolutos representó unos 79.000 votos a su favor y fue la que terminó abriendo la brecha en el conteo nacional.
Aplicando los porcentajes ya conocidos a los votos pendientes, la proyección es la siguiente. En Lima y Callao, los aproximadamente 174.000 votos que contienen esas 993 actas se distribuirían con 110.600 para Fujimori y 63.400 para Sánchez: una diferencia adicional de unos 47.000 votos a favor de la candidata naranja. En el exterior, los cerca de 14.900 votos de las 85 actas pendientes aportarían unos 9.400 para Fujimori y 5.500 para Sánchez: 3.900 votos más de ventaja. En el resto del país, el bloque más heterogéneo, los 97.000 votos distribuidos en 557 actas favorecerían a Sánchez: estimando un 55% para él, serían unos 9.700 votos de diferencia a su favor, recortando parte de lo ganado por Fujimori en los otros bloques.
El resultado neto proyectado de los votos pendientes suma unos 41.000 votos adicionales a favor de Fujimori. Sumados a los 40.000 que ya lleva en el conteo parcial, la diferencia final apunta a rondar los 81.000 votos.
Pero apliquemos el escenario más adverso posible para Fujimori. Si el promedio de votos por acta cae al límite inferior estimado, y si Sánchez obtuviera el 60% en lugar del 55% en las actas del interior del país, el margen proyectado a favor de Fujimori en los votos pendientes bajaría a unos 26.000 votos. Sumados a los 40.000 que ya tiene, la diferencia final mínima sería de alrededor de 66.000 votos. Para que Sánchez revirtiera ese resultado dentro de las actas pendientes, tendría que obtener en Lima el 80% de los votos de esas actas. En una ciudad donde ya obtuvo el 36% con el 99% del conteo procesado, eso no es incertidumbre electoral: es una imposibilidad aritmética.

Lo más llamativo de este proceso no es el resultado en sí. Es que el propio sistema lo sabe desde hace días. El 11 de junio, el portal del Jurado Nacional de Elecciones publicó durante unos minutos el nombre de Keiko Sofía Fujimori Higuchi como presidenta de la República, con su fórmula completa: Luis Fernando Galarreta como primer vicepresidente y Miguel Ángel Torres como segundo. Lo retiró sin explicación oficial. Fue un tropiezo burocrático, pero también fue, involuntariamente, la confirmación más honesta del estado real del proceso.
La proclamación formal llegará en julio. Pero el resultado ya está escrito en los números. Keiko Fujimori será la primera presidenta electa de la historia del Perú, en su cuarto intento, con una diferencia final que los datos proyectan en entre 66.000 y 81.000 votos. Lo anticipamos el 9 de junio. Hoy, simplemente, lo confirmamos.
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