Hoy 12 de agosto, a las 19 horas, el Aula Magna de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República proyecta una película hecha, dice el propio afiche, “en colaboración con combatientes de la Resistencia (HAMÁS)”. No hace falta rastrear nada ni interpretar entrelíneas: lo dice la producción, con la vincha verde de las Brigadas Ezedín al Qasam ocupando media pantalla del cartel, sin que a nadie se le haya ocurrido que eso ameritaba disimulo.
La Gran Palestina se llama. La organiza CEICO, un colectivo universitario. La sala está reservada, el edificio es público, lo pagamos todos los uruguayos. Y en ningún lado de esa convocatoria hay una sola línea que recuerde lo que hizo esa organización el 7 de octubre de 2023: los fusilamientos casa por casa, las violaciones documentadas, los secuestros de bebés y ancianos, los más de mil doscientos muertos en unas horas.
Gabriel Gurméndez lo dijo con una frase que no necesita agregado: los enmascarados del afiche terminan desenmascarando a las autoridades de la Udelar.
Porque acá el argumento de siempre —autonomía universitaria, libertad de cátedra, laicidad— no alcanza a cubrir lo que va a pasar esta noche. Autonomía universitaria es que un docente enseñe lo que quiera enseñar sobre el conflicto israelí-palestino, aunque a uno no le guste. Libertad de cátedra es debatir la ocupación, la historia de Gaza, el sufrimiento de la población civil palestina, sin que nadie censure ese debate. Nada de eso es prestarle el escenario más grande de una facultad pública a una pieza audiovisual filmada con la participación directa de combatientes armados de una organización terrorista, sin una sola instancia de contraste, sin un solo panel, sin condena al 7 de octubre en ningún renglón del programa.
Ni siquiera en el vocabulario. La convocatoria habla de “combatientes de la Resistencia”. No habla de los hombres que el 7 de octubre entraron a kibutzim y a un festival de música a matar, violar y secuestrar civiles. El eufemismo no es un detalle de redacción: es la operación completa. Se puede llamar “resistencia” a lo que se quiera si antes se le saca el nombre a lo que realmente pasó.

La Udelar condenó ese ataque en 2023. Hay comunicados institucionales que piden el cese al fuego, la liberación de los rehenes, la protección de civiles. Esos comunicados siguen ahí, en algún archivo de la institución. Y esta noche, en el edificio de San Salvador 1944, se proyecta con total normalidad una película que reivindica exactamente a los combatientes que protagonizaron lo que esos comunicados condenaban. Las dos cosas no entran juntas en la misma universidad. O se sostiene una, o se sostiene la otra.
No hace falta pedirle a nadie que cierre la sala. Alcanza con algo mucho más incómodo para el rectorado y para la decana de la FIC: que digan si sabían lo que estaban prestando, o si simplemente nadie miró el afiche antes de firmar la reserva. Cualquiera de las dos respuestas es grave. Silencio, ninguna.

