Américas

Mamdani, el error de la democracia y el tercio judío que decidió no ver

Escrito por Gustavo

La democracia está lejos de ser perfecta. Puede equivocarse, abrirle paso a demagogos y entregar poder a quienes ya explicaron contra quién piensan utilizarlo. Sigue siendo el menos malo de los sistemas conocidos porque permite corregir esos errores sin violencia. Pero ganar una elección no vuelve inteligente, prudente o justa cada decisión del vencedor.

Zohran Mamdani es uno de esos errores.

Antes de ser elegido alcalde de Nueva York ya había dicho que Netanyahu debía ser arrestado si visitaba la ciudad. No escondió su posición ni la presentó después como una sorpresa. Los votantes sabían qué pensaba de Israel y hasta dónde estaba dispuesto a llevar ese discurso desde la Alcaldía.

Aun así, aproximadamente un tercio de los votantes judíos de Nueva York lo apoyó. El dato no representa a todos los judíos de Estados Unidos ni permite atribuirles una única motivación, pero basta para plantear una pregunta incómoda: ¿cómo pudo una parte tan importante de la comunidad judía considerar secundarias unas posiciones tan hostiles hacia Israel?

Algunos habrán priorizado el costo de vida, los alquileres, el transporte o las promesas sociales. Otros quizá vieron en Mamdani una forma de castigar a Netanyahu. Si ese razonamiento existió, fue profundamente torpe.

Los judíos que vivimos fuera de Israel podemos admirar a Netanyahu, rechazarlo o criticar cada una de sus decisiones. Tenemos derecho a opinar, pero no votamos en Israel. Tampoco vivimos bajo las sirenas ni pagamos de manera directa el precio de cada decisión del gobierno. Los ciudadanos israelíes eligen a su primer ministro porque son ellos quienes deben convivir con las consecuencias.

La responsabilidad de la diáspora es otra: defender a Israel como país, incluso cuando no nos gusta quien lo gobierna. Netanyahu no es Israel. Un gobierno pasa. El Estado permanece. Convertir el rechazo a un dirigente en una forma de castigo contra Israel beneficia a quienes quieren atacar a ambos.

Quien creyó votar contra Netanyahu votando por Mamdani no debilitó a Netanyahu. Entregó la voz institucional de Nueva York a un dirigente que ahora usa esa autoridad para amenazar al primer ministro de Israel.

El problema tampoco es que Mamdani sea musulmán. Un musulmán puede defender a Israel y un judío puede actuar contra él. Lo decisivo es su trayectoria política, sus acusaciones contra Israel y su voluntad de convertir un conflicto internacional en parte de la política municipal.

La amenaza de arrestar a Netanyahu es jurídicamente muy difícil de ejecutar. Un alcalde no puede fabricar una orden judicial. La Policía de Nueva York no puede transformar por sí sola una resolución de la Corte Penal Internacional en una orden válida en Estados Unidos. A eso se suman la legislación federal, las inmunidades de un jefe de Gobierno extranjero y las obligaciones derivadas de una visita a las Naciones Unidas.

Si Mamdani intentara avanzar, el conflicto pasaría de inmediato a los tribunales federales y al gobierno de Estados Unidos. La posibilidad real de que Netanyahu terminara detenido y enviado a La Haya es extremadamente remota.

Pero ahí está precisamente la utilidad política de la amenaza.

Mamdani no necesita conseguir el arresto para beneficiarse. Le alcanza con anunciarlo. Si Washington lo frena, podrá acusar al gobierno federal de proteger a Netanyahu. Si un juez impide la detención, podrá presentarse como víctima de un sistema injusto. Si la operación nunca pasa de una conferencia de prensa, habrá obtenido titulares, movilizado a su base y reforzado la imagen del primer ministro israelí como un fugitivo que solo permanece libre porque Estados Unidos lo protege.

La imposibilidad jurídica no vuelve inocuo el gesto. Lo convierte en teatro político.

La historia ya enseñó que una democracia puede entregar legalmente el poder a quien anunció de antemano cómo pensaba utilizarlo. No hace falta equiparar épocas ni personajes para reconocer el mecanismo. La legitimidad de las urnas explica cómo Mamdani llegó al cargo. No convierte en legítimo todo lo que pretenda hacer desde él.

El tercio de votantes judíos que lo apoyó puede seguir criticando a Netanyahu. Lo que ya no puede alegar es sorpresa. Mamdani dijo quién era, explicó qué pensaba y anunció lo que intentaría hacer.

No votaron contra Netanyahu. Votaron por Mamdani. Y Mamdani les está mostrando para qué quería el poder.

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Gustavo

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