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Mirtha Guianze: La fiscal que combatió el odio y terminó hablando como él

Escrito por Gustavo

Hay personas cuya trayectoria merece respeto genuino, incluso cuando uno no comparte sus posiciones políticas. Mirtha Guianze es una de ellas.

Durante años, esta abogada uruguaya hizo lo que muy pocos se atrevieron a hacer en un país que prefería mirar hacia otro lado. Persiguió penalmente a los responsables de crímenes cometidos durante la dictadura. Puso nombre y apellido a los torturadores. Llevó ante la Justicia casos que muchos consideraban imposibles, en un sistema que durante décadas había preferido la comodidad del olvido. Fue fiscal de Corte subrogante. Construyó una reputación sobre la base de algo concreto: el coraje de enfrentar al poder cuando el poder comete crímenes contra los más vulnerables.

Ese mérito es real. Y nada de lo que sigue lo borra.

Pero el mérito no es una licencia ilimitada. Y la coherencia —esa coherencia que ella misma exigió a quienes juzgó— no puede ser opcional.

El 12 de junio de 2026, Mirtha Guianze fue entrevistada en Radio Centenario. Habló de una denuncia penal presentada contra Roni Kaplan, portavoz en español de las Fuerzas de Defensa de Israel. Explicó su teoría jurídica: que un vocero militar que habla en español es coautor de genocidio porque sus comunicados podrían influir en la Corte Penal Internacional. Que todos los reservistas israelíes integran una asociación para delinquir. Que cualquier uruguayo que haya servido en el ejército israelí debería ser interrogado a su llegada al aeropuerto de Carrasco.

En más de tres décadas de práctica jurídica, juristas uruguayos serios han señalado que rara vez se escucha una construcción legal semejante fuera de los peores excesos ideológicos del siglo XX. La misma lógica que ella alguna vez combatió —la del enemigo colectivo, la de la culpa por asociación, la de la responsabilidad penal sin acto individual demostrado— aparece ahora reciclada con otro destinatario.

Pero lo más grave no fue la teoría jurídica.

Lo más grave fue el remate.

Hablando de las presiones que, según ella, habrían sufrido jueces de la CPI y la relatora de Naciones Unidas Francesca Albanese, Mirtha Guianze dijo textualmente: “ellos dominan el mundo.”

Ellos. Los sionistas.

Vale detenerse aquí un momento. El término “sionismo” como objeto de odio es una construcción moderna. Fue adoptada precisamente para que sus usuarios pudieran esquivar la acusación de antisemitismo, para poder decir “no odio a los judíos, odio al sionismo”. Pero el sionismo no es otra cosa que el movimiento que defiende el derecho del pueblo judío a tener un Estado propio. Odiarlo es odiar ese derecho. Y odiar ese derecho, aplicado exclusivamente al pueblo judío, es antijudaísmo. Siempre lo fue. El nombre cambió. La sustancia, no.

Esa frase no nació el 12 de junio de 2026 en un estudio de radio de Montevideo. Tiene una historia larga y conocida. Aparece en los Protocolos de los Sabios de Sión, el documento falsificado que la propaganda zarista fabricó a principios del siglo XX para justificar los pogromos. Aparece en los discursos de los años treinta que prepararon el terreno para lo que vino después. Aparece en la propaganda de los regímenes que Guianze pasó su vida combatiendo.

Mirtha Guianze conoce esa historia. No es una improvisada. Es una jurista formada, una mujer que dedicó décadas a estudiar los mecanismos del poder y sus abusos. Sabe perfectamente de dónde viene esa frase. Y la pronunció igual.

Eso no admite la coartada de la ignorancia. Lo que admite es algo más serio: la convicción. Y una convicción de ese tipo, en una persona de ese calibre, no es un error. Es una elección.

La propaganda más eficaz nunca la hacen los extremistas reconocibles. La hacen las personas respetables. Las que tienen credenciales. Las que han ganado autoridad moral en batallas reales. Porque cuando alguien con el historial de Mirtha Guianze dice que los sionistas dominan el mundo, no suena como un fanático de esquina. Suena como alguien que sabe.

Y eso multiplica el daño.

Los lectores frecuentes de Historia y Noticias habrán visto este concepto más de una vez. No lo repetimos por falta de temas. Lo repetimos porque el fenómeno ocurre todos los días. Y quienes nos siguen desde los primeros videos del canal de YouTube — youtube.com/@gustavobeitler — saben que este paralelismo entre el presente y los años treinta en Alemania no es una ocurrencia reciente. Lo venimos señalando desde antes de que se volviera incómodo negarlo.

En 2023, desde estas páginas, comenzamos a utilizar una expresión que entonces incomodaba a muchos: los hijos de Goebbels. No es un insulto. Es una definición.

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, entendió antes que nadie el principio que hoy lleva su nombre: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. No porque deje de ser mentira. Sino porque la repetición la instala en el imaginario colectivo hasta volverla indistinguible de la realidad.

Sus hijos no son necesariamente sus discípulos conscientes. No llevan su retrato en la pared ni reivindican su legado. Muchos ni siquiera saben que están siguiendo su manual. Algunos lo hacen por convicción ideológica. Otros por odio acumulado. Otros, simplemente, porque el relato que repiten coincide con lo que ya creían antes de empezar a pensar. Pero el resultado es siempre el mismo: la mentira circula, se amplifica, gana credibilidad y termina moldeando la percepción de quienes la escuchan.

“Los sionistas dominan el mundo” es exactamente ese tipo de mentira. Lleva más de un siglo circulando. Ha sido desmentida por la historia una y otra vez. Y, sin embargo, sigue siendo pronunciada —hoy, en 2026, en un estudio de Radio Centenario de Montevideo— por una persona con credenciales reales, con autoridad moral ganada en batallas reales.

Decir que los sionistas dominan el mundo no es una opinión política. No es una crítica al gobierno de Israel. No es solidaridad con el pueblo palestino. Es una afirmación que divorcia por completo a quien la pronuncia de la realidad verificable. El mundo está gobernado hoy por China, Estados Unidos, Rusia, la India, potencias islámicas y regímenes autoritarios de todo signo. Israel es un país de nueve millones de habitantes que lleva años combatiendo en soledad para poder sobrevivir, presionado incluso por su principal aliado para aceptar acuerdos que no eligió. No es exactamente la descripción de quien domina el mundo.

La frase no describe la realidad. Repite un eslogan. Y los eslóganes basados en el odio no necesitan ser verdaderos para hacer daño. Solo necesitan ser repetidos por personas a quienes el mundo escucha.

Mirtha Guianze luchó toda su vida para que Uruguay no olvidara lo que ocurre cuando el odio encuentra una narrativa respetable. Lo sabe mejor que nadie. Lo vivió desde adentro del sistema.

Por eso sorprende — y preocupa — que hoy sea ella quien preste su nombre, su historia y su autoridad moral a una de las mentiras más antiguas y más peligrosas que existen: la de que los judíos, disfrazados ahora bajo la palabra sionistas, dominan el mundo.

Esa mentira ya tuvo consecuencias. Las conocemos. Están en los libros de historia que ella misma estudió.

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Gustavo

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