Volvemos a encender la cámara porque la hipocresía ya resulta fascinante. Mientras en Uruguay algunos toleran con llamativa paciencia el extremismo local, el mundo le exige a Israel que sea cortés bajo una lluvia de misiles iraníes. Ese aplaudido “cese al fuego” no es paz, es apenas un respirador artificial para el terrorismo. Negociar con quienes buscan tu exterminio no es diplomacia, es un suicidio asistido. Comprar el relato del apaciguamiento es, simplemente, elegir la propia derrota.

