Europa

No necesita hogueras: le alcanza con un relato

Escrito por Gustavo

No hace falta crear instituciones nuevas para concentrar poder. Alcanza con vaciar las que ya existen. O, directamente, dejarlas de lado.
Pedro Sánchez no necesita tribunales. No necesita jueces. No necesita pruebas. Le alcanza con repetir. Hasta que un Estado entero queda señalado sin que nadie tenga que precisar el cargo.
No habla de un gobierno. No discute decisiones. No individualiza responsabilidades. Habla de Israel como un bloque. Cerrado. Sin matices. Disponible.
La complejidad, en este esquema, estorba.
La referencia a la Inquisición española no apunta a la violencia. Apunta al método. No hacía falta probar. Bastaba con pertenecer. La culpa venía incluida.
Cambian las palabras. No la lógica.

No es una posición. Es una construcción. (Antisemita).

No es una posición. Es una construcción. (Antisemita).
Criticar a un gobierno es normal. Cuestionar la existencia misma de un Estado es otra cosa. Ese terreno está definido desde hace años. No es una opinión.
Sánchez no discute. Delimita. Traza una línea. Y todo lo que queda del otro lado pasa a ser lo mismo.
Propone romper el acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel en nombre de los “valores europeos”. La pregunta es por qué en este caso sí, y en tantos otros no.
No es solo una decisión. Es una selección.
Y no se limita a lo diplomático o comercial. También alcanza lo científico, lo académico, lo tecnológico. Espacios que no responden a un gobierno, sino a décadas de cooperación. Cortarlos no es sancionar. Es interrumpir.
Después vienen los efectos.
Dirigentes de Hamas no solo celebraron estas posiciones. Las agradecieron.
Y en paralelo, propaganda iraní decide usar la imagen de Sánchez en misiles dirigidos contra Israel. No como crítica. Como mensaje.
No hace falta subrayarlo.

No todos los líderes ven su imagen en un misil. Algunos tampoco se preguntan por qué está ahí.

Nadie dice que Sánchez tenga relación con esos misiles. Pero sí hay algo evidente: hay discursos que otros convierten en herramienta.
Y eso importa.
Todo esto ocurre en campaña. Con encuestas adversas. Con un Partido Popular en ascenso. Y con un acto en Andalucía para respaldar a María Jesús Montero.
En ese contexto, la política exterior deja de ser exterior.
Un enemigo claro simplifica.
Mientras tanto, se prometen reformas que podrían hacerse hoy. Se anuncian soluciones desde el mismo lugar donde ya se gobierna.
No es incoherencia. Es método.
Pero hay una imagen que lo resume mejor.
Un socialista español de los años sesenta. De los de antes. Formación política, cultura obrera, desconfianza hacia las verdades cerradas. Vuelve hoy. No pregunta. Solo escucha.
Escucha que un Estado entero es culpable. Sin matices. Sin diferencias. Sin duda.
Y trata de ubicar esa voz.
No reconoce a un socialista.
Reconoce a un sucesor de Francisco Franco.
No por lo que hace. Por cómo piensa.
Porque cuando la conclusión llega antes que la evidencia, la historia no necesita repetirse para resultar familiar.
Alcanza con eso.

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Gustavo

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