Israel no olvidó los rostros del 7 de octubre. Tampoco los nombres.
Desde las primeras horas posteriores a la invasión, sus servicios de inteligencia comenzaron a construir una lista que sigue abierta. Allí figuran quienes planificaron el ataque, los comandantes que impartieron órdenes, los hombres que cruzaron la frontera, los que dispararon contra civiles, incendiaron viviendas, secuestraron israelíes y participaron después en su cautiverio dentro de Gaza.
La lista contiene miles de identidades. Algunas ya fueron tachadas. Otras siguen acompañadas por fotografías, teléfonos, domicilios, vínculos familiares, funciones dentro de Hamas o la Yihad Islámica Palestina y cualquier dato que pueda conducir hasta ellas.
Los objetivos que continúan con vida saben que nunca más van a dormir tranquilos.
Israel convirtió la persecución de los responsables del 7 de octubre en una operación separada de los movimientos ordinarios de la guerra. No se limita a destruir lanzaderas, túneles o depósitos de armas. Busca personas concretas. Las identifica, reconstruye lo que hicieron y espera hasta encontrar una oportunidad para alcanzarlas.
Una de las unidades centrales de esa misión es NILI, acrónimo hebreo de “La Eternidad de Israel no mentirá”. Fue creada después de la masacre con integrantes de las Fuerzas de Defensa de Israel y del Shin Bet, tanto del servicio activo como de la reserva.
Su tarea no termina cuando cesan los grandes combates. Tampoco depende de que el perseguido conserve un cargo relevante dentro de Hamas. Haber participado en la invasión, en un secuestro o en la custodia de los rehenes basta para permanecer en la lista.
La escala de la operación refleja la escala del ataque. Israel calcula que alrededor de 5.000 terroristas participaron en la invasión o colaboraron después en la custodia de los secuestrados. Más de 1.200 murieron dentro de Israel durante los combates del propio 7 de octubre. Desde entonces, más de 1.500 fueron localizados y eliminados en Gaza.
La estimación israelí indica que más de 2.000 continúan con vida.

Localizarlos exige reconstruir una jornada que produjo una cantidad extraordinaria de evidencia. Los propios atacantes llevaban cámaras. Filmaron asesinatos, secuestros y saqueos. Transmitieron imágenes desde teléfonos robados y difundieron grabaciones como propaganda. Cámaras de seguridad, vehículos, viviendas y carreteras registraron sus movimientos.
Aquella exhibición de violencia terminó proporcionando a Israel parte del material necesario para reconocerlos.
Los investigadores comparan rostros, voces, lugares, vestimenta y vehículos. Cruzan grabaciones con comunicaciones interceptadas, interrogatorios, documentos capturados en Gaza, teléfonos recuperados y datos sobre los movimientos de cada sospechoso. Una imagen aislada puede no bastar. Varias coincidencias pueden convertir una figura borrosa en un nombre y un nombre en un objetivo.
El método permitió identificar a hombres que aparecían en algunas de las imágenes más conocidas del ataque. Dos de quienes fueron filmados sujetando a Avinatan Or mientras Noa Argamani era secuestrada en una motocicleta fueron localizados y muertos en ataques separados. Otros fueron reconocidos junto a vehículos militares robados, durante el traslado de rehenes o dentro de los lugares donde permanecieron cautivos.
En los últimos meses, las Fuerzas de Defensa de Israel publicaron fotografías tomadas el 7 de octubre y durante el cautiverio. Junto a los hombres identificados aparece una palabra: eliminado.
No todos los objetivos tienen la misma responsabilidad. La lista incluye desde integrantes de las fuerzas Nukhba que cruzaron la frontera hasta quienes diseñaron la invasión durante años. Israel distingue entre planificadores, comandantes, secuestradores, custodios y participantes directos. La persecución alcanza a todas esas categorías.
En la cima estaban Yahya Sinwar y Mohammed Deif.
Sinwar dirigía Hamas en Gaza y fue uno de los principales responsables políticos y estratégicos del ataque. Murió en octubre de 2024 durante un enfrentamiento con soldados israelíes en Rafah. No fue localizado mediante una operación especial cuidadosamente preparada: una patrulla encontró a varios hombres armados, abrió fuego y descubrió después que uno de ellos era el dirigente más buscado de Gaza.
Mohammed Deif, comandante del brazo militar de Hamas, había sobrevivido durante años a sucesivos intentos de asesinato. Israel lo consideraba uno de los principales autores intelectuales y operativos del 7 de octubre. Murió en julio de 2024 durante un ataque aéreo en Jan Yunis.
También fueron eliminados Marwan Issa, número dos del brazo militar; Rafa’a Salameh, comandante de la brigada de Jan Yunis; Raed Saad, responsable de operaciones y producción de armamento; Mohammed Sinwar, hermano de Yahya y posterior jefe militar de Hamas; Izz al-Din al-Haddad, comandante de la brigada de Gaza y uno de los últimos arquitectos principales de la invasión; y Mohammed Odeh, quien dirigía la inteligencia de Hamas cuando ocurrió el ataque.
Odeh fue seguido durante meses. Israel estudió sus desplazamientos y los de sus colaboradores hasta localizar los edificios que utilizaba como escondites en la ciudad de Gaza. Murió en mayo, apenas once días después de que Israel atacara y matara a su predecesor.
La rapidez de esas sucesiones revela otro problema para Hamas. Cada reemplazo hereda el cargo y también la persecución. Ascender dentro de una estructura golpeada no garantiza poder. En algunos casos solo convierte al sucesor en el siguiente nombre visible.

La operación tampoco se concentra exclusivamente en la dirección de Hamas.
Israel ha eliminado a integrantes de la Yihad Islámica Palestina que participaron en secuestros, a comandantes de las fuerzas Nukhba que invadieron comunidades israelíes y a hombres que mantuvieron rehenes durante meses. Algunos habían sido filmados junto a sus cautivos. Otros fueron reconocidos después por quienes sobrevivieron.
Esa información vale más que una identificación aislada. Los testimonios de los liberados permiten reconstruir cambios de ubicación, nombres usados durante el cautiverio, voces, jerarquías y relaciones entre los custodios. Una conversación escuchada detrás de una puerta o un apodo pronunciado dentro de un túnel puede completar un expediente.
La campaña no es infalible. La inteligencia puede equivocarse, los objetivos se esconden entre la población y los ataques en zonas urbanas pueden matar a otras personas. Cada operación exige evaluar la identidad, la localización y las consecuencias previsibles. La decisión de matar a un sospechoso no deja de exigir responsabilidad porque el crimen que se le atribuye sea monstruoso.
Pero el propósito israelí es claro.
No se trata solo de debilitar la estructura militar de Hamas. Israel quiere establecer que participar en una matanza de esa magnitud tendrá consecuencias incluso años después, cuando las cámaras internacionales se hayan marchado, el frente haya cambiado y el responsable crea que logró mezclarse otra vez con la vida cotidiana de Gaza.
La referencia histórica inevitable es la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. Después del asesinato de once integrantes de la delegación israelí, el Mossad persiguió durante años a personas vinculadas con Septiembre Negro. Aquella campaña produjo éxitos, errores graves y una mitología que a veces oculta sus resultados discutibles.
El 7 de octubre presenta una escala muy diferente. No se trata de localizar a una pequeña red internacional, sino de reconstruir la participación de miles de personas dentro de una organización que gobernó Gaza, preparó la invasión y documentó buena parte de sus propios crímenes.
Israel no ha dicho que todos los responsables estén identificados ni que todos vayan a ser encontrados. Tampoco puede garantizar que la lista llegue algún día a quedar vacía.
Lo que sí ha demostrado es que el paso del tiempo no equivale al olvido.
Quienes participaron en el 7 de octubre pueden cambiar de casa, esconderse bajo tierra, abandonar un cargo o dejar de aparecer en público. Pueden confiar en una tregua, en una frontera o en que nuevas crisis desplacen la atención del mundo.
Pero saben que Israel conserva las imágenes, los nombres y los expedientes.
Los muertos ya no pueden huir. Los que siguen vivos saben que la persecución no terminó. Para ellos, dormir será desde ahora otra forma de esperar.

