Europa

El diario del lunes y el costo de la lucidez

Escrito por Gustavo

Mirá, no hace falta hacerse el sorprendido.

Lo de Europa no es un giro inesperado: es una repetición. Una más. Con ese perfume a historia mal aprendida que ya conocemos. Europa tiene esa extraña habilidad de equivocarse con elegancia, envuelta en una superioridad moral que luce bien en los cócteles de Bruselas… hasta que la realidad le pega un cachetazo.

Alemania es el mejor ejemplo. Ángela Merkel fue el símbolo perfecto de la “bondad boba”. Por querer quedar bien con el discurso prolijo de los Verdes, decidió apagar la energía nuclear, que es de las más limpias y seguras del mundo. Fue un error de cálculo histórico, casi poético en su estupidez. Cambió la matriz energética de un continente entero para hacerlo dependiente del gas de Putin. Entregó a Europa atada de pies y manos. Hoy todos hablan con el diario del lunes, pero el daño ya está hecho.

Pero si Merkel fue la ingenuidad, lo que vemos hoy es mucho más oscuro y tiene nombres propios. Pedro Sánchez se ha convertido en el gran motor del antisemitismo del siglo veintiuno. Es él quien empuja al resto de Europa a alinearse con los intereses de los enemigos de Occidente. Y no me vengan con relatos: yo uso el diario del domingo.

Sánchez no actúa por valores; actúa por intereses personales. Son tantas las dudas de la propia justicia española sobre su honestidad, la de su esposa y la de sus amigos ya condenados, que la respuesta es obvia. Lo hace primero por dinero y después por sobrevivencia política, para mantener su mayoría de juguete con la izquierda radical.

Al lado de Sánchez, Macron aparece como el heredero de la cobarde Francia de Vichy. Repite ese espíritu de capitulación con un perfume francés de lujo. Y ni hablemos de Inglaterra, que parece haber caído otra vez en manos de un nuevo Chamberlain, olvidando que con el mal no se negocia: al mal se lo derrota.

A veces decimos que los jóvenes cometen errores por falta de experiencia, pero miren qué ironía: a veces son los únicos que traen la solución cuando los “mayores” están paralizados por el miedo. Pensemos en David. Era apenas un adolescente cuando se plantó frente a Goliat. Mientras los veteranos del ejército temblaban en sus carpas, fue el joven David quien entendió que al gigante no se le tiene miedo, se le tira una piedra.

Hoy, Europa es el “mayor”, el continente antiguo, cargado de una fatiga moral que lo hace arrodillarse ante cualquiera que le grite un poco. E Israel es ese David. El país joven que, mientras el mundo le hace bullying internacional, se planta solo frente al gigante de Irán. Porque Israel sabe lo que Europa olvidó: que si no detenés al gigante hoy, mañana te aplasta a vos también en el living de tu casa.

Mientras tanto, Irán lanza señales de auxilio porque se está ahogando. Su pedido por el Estrecho de Ormuz es la prueba de que el régimen colapsa. La aislación funciona. Pero acá es donde no podemos ser ingenuos: la guerra es fundamental.

Es triste y es doloroso, pero es el único camino para asegurar que quienes hoy gobiernan Teherán no lleguen jamás a tener armas nucleares. Si el mundo sigue el camino de Sánchez, Macrón y este nuevo Chamberlein, la amenaza no será solo para Israel. Cualquier capital europea estará al alcance de sus misiles. El costo de no actuar hoy con lucidez será, mañana mismo, una tragedia que ningún diario del lunes podrá remediar.

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Gustavo

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