El 17 de octubre de 2023, pocas horas después de producirse una explosión en el estacionamiento del Hospital Bautista Al-Ahli, en la Ciudad de Gaza, la BBC emitió en su señal principal el siguiente reporte del corresponsal Jeremy Bowen: “El misil impactó el hospital poco después de oscurecer. Pueden escuchar el impacto. La explosión destruyó el Hospital Al-Ahli. El edificio quedó aplastado.”
Dos días después, la misma corporación publicó una corrección. No en horario estelar. No con el mismo corresponsal mirando a cámara. En texto institucional, en su sitio web, con el lenguaje de quien administra un daño. El edificio no había sido aplastado. El misil no era israelí. Era un cohete de la Yihad Islámica Palestina que falló en su trayectoria y cayó en el estacionamiento del hospital, no sobre él. La cifra de 500 muertos, tomada sin verificación del Ministerio de Salud de Gaza —controlado por Hamás— era igualmente falsa. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Canadá coincidieron de forma independiente: Israel no fue responsable.
Jeremy Bowen, preguntado directamente sobre sus errores durante el programa de la propia BBC “Behind the Stories”, declaró: “No me arrepiento de nada en mi cobertura.”
Ese es el caso uno. No el único.
Lo que publicaron. Lo que corrigieron. La diferencia.
El New York Times tituló en su portada digital y en sus alertas de noticias enviadas a millones de suscriptores: “Israeli Strike Kills Hundreds in Hospital, Palestinians Say.” El titular era falso en cada uno de sus elementos centrales: no fue un ataque israelí, no cayó sobre el hospital, y la cifra de cientos de muertos provenía exclusivamente de Hamás. El impacto fue inmediato y medible: el rey Abdullah II de Jordania canceló la cumbre regional que tenía prevista con el presidente Biden, el presidente egipcio Al-Sisi y el líder palestino Abbas. Días después, el Times reconoció que su cobertura inicial había “servido mal a sus lectores y a los hechos.” Las versiones sindicadas del artículo original que ya circulaban en decenas de medios continuaron con el error intacto.

RTVE publicó el 18 de octubre de 2023 el titular: “Al menos 500 muertos en un bombardeo a un hospital en Gaza.” En el curso de esta investigación no encontramos registro público de una corrección equivalente, de una aclaración en antena, ni de un reconocimiento institucional del error. No afirmamos que no exista: afirmamos que no lo encontramos.
France 24 y el propio gobierno francés condenaron formalmente “el ataque al Hospital Al-Ahli” antes de que se determinara su origen. La condena fue emitida con nombre, cargo y comunicado oficial, atribuyendo el hecho a Israel. En el curso de esta investigación tampoco encontramos una corrección pública con formato o alcance equivalente al de esa condena inicial.
Al Jazeera —financiada directamente por el gobierno de Qatar, estado que alojó durante más de una década a la cúpula política de Hamás en Doha, y que aunque solicitó su salida en noviembre de 2024 bajo presión de Washington, no cerró formalmente su oficina política— cubrió el incidente como un crimen de guerra israelí confirmado. No emitió corrección. No actualizó sus artículos originales. Nunca lo hizo.
La mecánica del daño
Hay un principio que los estudiosos de la comunicación conocen como asimetría de alcance entre el error y la corrección. Es simple: el titular llega en el momento de máxima atención global, en el instante en que millones de personas abren su teléfono, encienden su televisor o reciben una notificación automática. La corrección llega tarde, pequeña, y a una fracción del público original.
En el caso Al-Ahli, la BBC llegó con su cobertura inicial a una audiencia semanal global de 450 millones de personas. Al Jazeera, a más de 430 millones. CNN, a casi 50 millones solo en televisión y 147 millones en sus plataformas digitales globales. Sumados estos tres medios, la audiencia potencial supera los 900 millones de personas semanales.

Ese número requiere un ajuste para comprender su verdadero peso. De los 8.000 millones de habitantes de la Tierra, aproximadamente 2.000 millones son menores de 15 años. Otros 2.600 millones no tienen acceso a internet ni a medios internacionales. China, con 1.400 millones de habitantes, consume información predominantemente a través de medios estatales que filtran el contenido exterior. India, con otro tanto, prioriza cobertura local. El universo de personas que efectivamente se informa sobre conflictos internacionales como el de Gaza es, según estimaciones razonables construidas a partir de datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, de entre 1.200 y 1.500 millones de personas.
De ese universo real, entre el 60% y el 75% fue alcanzado por el titular falso a través de alguno de estos medios. La corrección llegó a una fracción que ninguno de ellos ha cuantificado públicamente, porque ninguno está obligado a hacerlo.
El informe que lo confirmó desde adentro
En noviembre de 2025, un documento interno de la BBC filtrado al diario The Daily Telegraph cambió la naturaleza del debate. Su autor, Michael Prescott, asesor del Comité de Estándares Editoriales de la BBC durante tres años, no era un crítico externo. Era alguien con acceso directo a los procesos de decisión editorial de la corporación.
El informe documentó un patrón sostenido. La BBC había dado credibilidad prolongada a la cifra de que el 70% de los muertos en Gaza eran mujeres y niños, cuando la propia ONU revisó ese número al 52%, sin que el ajuste recibiera la misma prominencia que la cifra original. BBC Arabic había acumulado 215 correcciones desde el 7 de octubre de 2023, en historias encontradas “tendenciosas, inexactas o engañosas”, según el organismo de monitoreo CAMERA. Ninguna de esas 215 correcciones fue presentada al público con el mismo formato y alcance que los reportes originales que corregían.
La consecuencia del informe fue la renuncia del Director General Tim Davie y de la Directora de Noticias Deborah Turness. Davie no vinculó su renuncia al sesgo en la cobertura de Gaza. Turness admitió que la controversia “había llegado a un punto en que estaba causando daño a la BBC.” El hombre designado para reemplazarlos fue Jonathan Munro, el mismo ejecutivo que meses antes había defendido a BBC Arabic describiéndola como “fuente de conocimiento editorial sin par” y declarando que el servicio era “casi tan confiable como Al Jazeera.”
El ex Director de Televisión de la BBC, Danny Cohen, lo resumió sin eufemismos: la corporación había “empujado mentiras de Hamás alrededor del mundo.” No lo dijo un crítico externo. Lo dijo alguien de adentro.
El patrón no se detiene en Al-Ahli
El 24 de marzo de 2024, Al Jazeera emitió en vivo el testimonio de una mujer identificada como Jamila al-Hissi, quien afirmó haber sido testigo de violaciones cometidas por soldados israelíes dentro del Hospital Shifa. La historia se propagó en millones de visualizaciones en pocas horas. Al día siguiente, el ex director general de Al Jazeera, Yasser Abu Hilalah, publicó en X: “Las investigaciones de Hamás revelaron que la historia de la violación de mujeres en el Hospital Shifa era fabricada.” La propia mujer, según Abu Hilalah, “justificó sus exageraciones diciendo que el objetivo era despertar el fervor de la nación.”
Al Jazeera eliminó silenciosamente el contenido de sus plataformas. No emitió retractación formal. No notificó a los millones de usuarios que habían visto el video que el contenido era falso. El video siguió circulando en cuentas antisraelíes con millones de reproducciones acumuladas.
En enero de 2024, Al Jazeera había acusado a Israel de “atacar periodistas” tras la muerte en combate de dos de sus colaboradores en Gaza. Meses después se confirmó que ambos eran simultáneamente combatientes de Hamás. Al Jazeera no actualizó el artículo original que los presentaba como víctimas del periodismo.

Lo que la memoria retiene
Existe una razón por la cual la propagación deliberada de información falsa funciona con tanta eficiencia en la era de los medios masivos. No requiere que la mentira sea perfecta. Requiere solamente que llegue primero, que llegue fuerte, y que la corrección, si llega, lo haga tarde y en voz baja.
En el universo de entre 1.200 y 1.500 millones de personas que siguen información sobre el conflicto en Gaza, tres de cada cuatro recibieron el titular: Israel bombardeó un hospital y mató a quinientos civiles. Hoy, más de dos años después, si se pregunta en cualquier ciudad de Europa, América Latina o el mundo árabe qué ocurrió en octubre de 2023, una porción significativa de esa población responderá, con total convicción, que Israel bombardeó un hospital lleno de refugiados.
No lo saben por haber investigado. Lo saben porque la BBC, CNN, RTVE, France 24 y Al Jazeera se lo dijeron. Y en la mayoría de los casos, ninguno de ellos se molestó en corregirlo con la misma energía con que lo propagaron.
Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del Tercer Reich, formuló el principio que rige esta mecánica con una claridad que sus herederos intelectuales nunca superaron: una mentira repetida suficientes veces se convierte en verdad. No hace falta repetirla para siempre. Basta con repetirla hasta que quede grabada. Después, el silencio hace el resto.
Los medios aquí documentados no cometen errores periodísticos aislados. Aplican un método. El método tiene historia. Y tiene nombre.
Son los hijos de Goebbels.
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