El problema no es la promesa. El problema es quién la hace.
El problema no es el papel firmado en Ginebra. El problema es lo que dice el manual que Irán lleva usando mil cuatrocientos años.
El problema no es que Trump quiera la paz. El problema es que le creyó a quien tiene nombre propio para la mentira.
Se llama hudna.
No es un insulto. No es una teoría. Es una palabra árabe que significa tregua. Pero en la tradición islámica radical, tregua no significa paz. Significa pausa. Un alto en el camino para rearmarse, reagruparse, y volver a atacar cuando el momento sea más conveniente.
En el año 628, Mahoma firmó el Tratado de Hudaybiyyah. Tregua de diez años. Solemne. Firmada. Jurada. Dos años después marchó sobre La Meca con diez mil hombres y la conquistó. El tratado no llegó ni a la mitad.
El problema no es que eso haya pasado hace catorce siglos. El problema es que sigue pasando.

Existe también otro concepto que conviene conocer antes de firmar cualquier cosa con Teherán. Se llama taqiyya. Que es, dicho en cristiano, el permiso religioso para mentirle al enemigo cuando la mentira sirve a los intereses del islam. No es interpretación. No es lectura sesgada. Es doctrina. Es teología. Es la convicción de que engañar al infiel no solo está permitido, sino que en ciertas circunstancias es un acto de fe.
El problema no es que exista la taqiyya. El problema es que Trump firmó un acuerdo con quienes la practican como virtud.
Entonces volvamos a la promesa. “Irán acordó que no producirá ni adquirirá armas nucleares”, dijo Trump desde Evian, Francia, con esa satisfacción de quien acaba de cerrar el mejor negocio de su vida. Y tal vez en el mundo de los contratos inmobiliarios de Manhattan, una promesa es una promesa. Pero en el mundo de la hudna, una promesa firmada es el comienzo del reloj. El reloj que cuenta hacia el momento en que la promesa deja de ser conveniente.
El problema no es la firma. El problema es que yo también podría prometerle a Trump que nunca lo voy a llamar estúpido. Y al mismo tiempo que se lo prometo, lo estoy llamando estúpido. La diferencia es que yo no tengo doctrina religiosa de mil cuatrocientos años que me respalde. Irán sí.
El problema no es que Irán nunca haya destruido una sola centrífuga. El problema es que nunca desmanteló Fordow, esa instalación nuclear construida bajo una montaña, diseñada específicamente para sobrevivir bombardeos. Nunca permitió inspecciones reales en sus sitios militares. Incumplió el acuerdo de 2015 de manera sistemática y documentada.
Y ahora promete de nuevo.

El problema no es que prometa. El problema es que la promesa es la estrategia.
Y mientras Trump celebra desde el G7 que Israel podría hacer un mejor trabajo con Hezbollah, en Teherán los ayatolás cuentan los días. No hacia la paz. Hacia el momento en que los 24.000 millones de dólares desbloqueados se conviertan en misiles más precisos, en drones más baratos, en centrifugadoras más rápidas, en la siguiente promesa que habrá que firmar con el próximo presidente que necesite que el galón de gasolina baje antes de las elecciones.
El problema no es Trump. El problema es que después de Trump vendrá otro. Y la hudna seguirá siendo la hudna.
El problema no es el acuerdo de Ginebra. El problema es el Tratado de Hudaybiyyah.
El problema no es que Irán mienta. El problema es que lo dice en su propio manual. Con nombre propio. Desde hace catorce siglos.
Y Occidente sigue sin querer leerlo.
Gustavo Beitler | historiaynoticias.com | Con asistencia de Claude (Anthropic) y Gemini (Google)
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