Europa

Todo en familia: El milagro económico del progresismo español

Escrito por Gustavo

La vanguardia progresista española ha dado por fin con la fórmula magistral para la redistribución de la riqueza: que no salga del árbol genealógico. Entre las hijas emprendedoras de un expresidente, el hermano melómano del actual y los bolsos repletos de billetes, la izquierda nos enseña que la caridad, y los fondos públicos, siempre empiezan por casa.

A lo largo de la historia, las grandes dinastías han sabido cuidar de los suyos. Los Habsburgo se casaban entre ellos para no perder territorios, los Rockefeller crearon fideicomisos impenetrables y, ahora, el socialismo español ha perfeccionado el arte de la prosperidad familiar a la sombra del Boletín Oficial y las dictaduras caribeñas. Ya no hace falta invadir territorios ni monopolizar el petróleo; basta con tener un contacto en Ferraz, un testaferro con debilidad por el efectivo y, por supuesto, estar siempre “del lado correcto de la historia”.

El caso de José Luis Rodríguez Zapatero es, desde una perspectiva estrictamente capitalista, conmovedor. El hombre que nos enseñó a conjugar el verbo “talante” ha resultado ser un lince de las finanzas internacionales. O, mejor dicho, un abnegado padre de familia. Según la Audiencia Nacional, bajo la batuta del expresidente operaba una red de tráfico de influencias que, entre rescates de aerolíneas fantasma (Plus Ultra) y mediaciones chavistas en Caracas, facturaba millones.

Pero el toque verdaderamente tierno es la incorporación de sus hijas al negocio. De la noche a la mañana, estas jóvenes prodigio fundaron What The Fav, una agencia de diseño que se convirtió en la destinataria de generosas y recurrentes transferencias. El juez Calama estima que la empresa de las hijas cobró cientos de miles de euros por, esencialmente, maquetar y reenviar informes. El sueño húmedo de cualquier freelance: facturar a precio de oro por ponerle negritas a un documento mientras papá manda el dinero a una sociedad offshore en Dubái.

Y para redondear el cuadro familiar, siempre hay un amigo dispuesto a sacrificarse: el empresario Julio Martínez, en cuya casa la policía encontró 286.070 euros en efectivo. Porque los bancos cobran muchas comisiones, y nada supera el tacto de un fajo de billetes cuando se milita por la justicia social.

Si cruzamos el charco de la política nacional y aterrizamos en el sanchismo puro y duro, la lección de amor fraternal continúa. Pedro Sánchez tampoco deja a los suyos atrás. Mientras el presidente sermonea sobre la necesidad de pagar más impuestos para sostener lo público, su hermano, David Sánchez, enfrenta un juicio en Badajoz por prevaricación y tráfico de influencias.

El “hermanísimo” consiguió una plaza de alta dirección a medida en la Diputación, creada aparentemente de la nada, para dirigir una Oficina de Artes Escénicas. Lo mágico del asunto es que el buen David, con un sueldo pagado por los contribuyentes extremeños, decidió fijar su residencia en la localidad portuguesa de Elvas para ahorrarse impuestos. Tributar es de pobres, y la solidaridad fiscal es para los que no tienen un pariente en La Moncloa. A este sainete hay que sumarle, por supuesto, la ubicua presencia de la esposa del presidente, cuyas cátedras universitarias y software a medida han operado en esa delgada línea donde el poder político y el interés privado se funden en un abrazo indisoluble.

Y por supuesto, en esta ecuación del nepotismo ilustrado, los amigos ocupan un lugar de honor. Sánchez, al igual que Zapatero, tampoco se olvida de su troupe. Sería una falta de rigor analítico omitir a la entrañable “banda del Peugeot”, aquel grupo de incondicionales que lo acompañó en su resurrección política a bordo de aquel viejo coche. Una camaradería tan intensa y leal que varios de esos miembros originales ya han tenido el dudoso honor de desfilar por los tribunales y pasar por las manos de la justicia, demostrando que en la corte progresista, el afecto fraternal y el Código Penal a menudo comparten el mismo asiento del copiloto.

Lo que une a los Zapatero y a los Sánchez no es solo una sigla partidaria, sino una profunda comprensión de la geopolítica del privilegio. Han descubierto que el discurso igualitario es la mejor pantalla para el capitalismo de amiguetes. Mientras le exigen al ciudadano de a pie austeridad climática y resiliencia económica, ellos operan con la impunidad de los intocables.

Es una lección magistral de cinismo. La revolución no será televisada, pero será subcontratada a la empresa de las hijas, dirigida desde el extranjero por el hermano evasor, gestionada por amigos judicializados y financiada con el dinero de unos ciudadanos que aún creen que llueve cuando en realidad les están escupiendo. Al final, no era que despreciaran la riqueza; simplemente querían el monopolio. Todo queda en familia.

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Gustavo

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