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Primero Messi, segundo Messi, tercero Messi.

Escrito por Gustavo

Soy uruguayo. Lo aclaro desde el principio porque importa.

Soy uruguayo y vi a Uruguay ganarle a la Argentina de Maradona en Buenos Aires, en semifinales de la Copa América 1987, con un gol de Alzamendi que dejó afuera al campeón del mundo y le prohibió jugar esa final de América. Soy uruguayo y vi a Uruguay eliminar a la Argentina de Messi en el Cementerio de los Elefantes, el estadio de Colón en Santa Fe, un 16 de julio de 2011, fecha en que se cumplían 61 años del Maracanazo. Durante la era Maradona, Uruguay ganó tres Copas América: 1983, 1987 y 1995. Durante la era Messi, ganó la de 2011, también en Argentina, también eliminando a la Albiceleste. Lo digo sin falsa modestia y sin perder de vista lo que viene: esta selección argentina, la de Scaloni y Messi, es una de las más grandes que el fútbol haya visto jamás.

No lo dice un argentino. Lo dice un uruguayo.

Pelé es O Rei. Y lo será para siempre, sin necesidad de que nadie se lo confirme. Ganó tres mundiales con un Brasil que era una constelación completa, un equipo que en Chile 1962 salió campeón sin él, porque se lesionó en el segundo partido y Garrincha se encargó de que nadie lo extrañara demasiado. Eso no le quita nada a Pelé. Le suma, en todo caso, a Brasil.

Maradona es otra cosa. Maradona en México 1986 fue un fenómeno que el fútbol no había visto antes y probablemente no vuelva a ver. En ese Mundial hizo el mejor gol de la historia de los mundiales, contra Inglaterra. Un hombre capaz de agarrar diez jugadores anónimos y hacerlos campeones del mundo. Si Maradona hubiera nacido en Escocia, Escocia hubiera sido campeón en el 86. Así de simple, así de brutal. Y también era humano: en Italia 90 falló un penal ante Yugoslavia en cuartos de final. Argentina clasificó igual, Goycochea mediante. Y en semifinales, con esa mochila encima, fue Maradona el que convirtió el penal decisivo que dejó a Italia afuera en su propio estadio.

Messi es distinto a los dos. No porque sea más talentoso, no porque haya tenido más suerte, sino porque Messi pertenece a una categoría que no existía antes de él. Con el Barcelona siempre tuvo compañeros de primer nivel, una máquina perfecta que le facilitó todo. En la selección no. En la selección argentina hubo que construir algo, y lo que se construyó bajo Scaloni es extraordinario pero no sobrehumano. Son grandes jugadores, no son dioses. Y sin embargo ganaron todo.

Copa América 2021. Finalísima 2022, el torneo entre el campeón de América y el campeón de Europa, donde Argentina derrotó 3-0 a Italia en Wembley. Copa del Mundo 2022, en Qatar, en una de las finales más dramáticas de la historia, ante Francia. Copa América 2024. Cuatro títulos consecutivos. Nadie había hecho eso antes.

Entonces la pregunta que nadie puede responder es la que hace grande a Messi: ¿esta Argentina hubiera ganado todo lo que ganó sin él? ¿Y Messi hubiera ganado todo lo que ganó sin ellos? La respuesta honesta a ambas preguntas es la misma: no lo sabemos. Estamos hablando de suposiciones. Y esa dependencia mutua entre el genio y el equipo, esa ambigüedad que no tiene respuesta, es lo que lo pone un milímetro por encima de todos.

Un milímetro. No un abismo. Si esto fuera una carrera de caballos, ganaría por un pescuezo. Si fuera Fórmula 1, sería foto finish, cero coma cero una décimas de segundo. Nadie le saca ventaja a Pelé ni a Maradona. Messi simplemente está un pasito adelante.

Hoy, mientras se escribía esta nota, Argentina le ganó 2-0 a Austria en Dallas y se clasificó a los dieciseisavos de final del Mundial 2026. Los dos goles fueron de Messi. Pero antes de los goles, en el minuto 8, Messi falló un penal. Lo mandó afuera. Se llevó las manos a la cabeza. Como cualquier ser humano al que le pesa demasiado el momento. Con ese fallo se convirtió además en el jugador con más penales errados en la historia de los Mundiales: tres, en Rusia 2018, Qatar 2022 y hoy. El más grande y el más humano, en el mismo partido, con minutos de diferencia.

Después vino el gol 17 en la historia de los Mundiales, el que lo dejó solo en la cima, superando a Miroslav Klose. Y en el descuento, el 18, que superó también el récord absoluto de toda la historia del fútbol mundial, masculino y femenino. Lo hizo a dos días de cumplir 39 años, en su sexto Mundial.

Hay selecciones que ganan. Hay selecciones que marcan una época. La Naranja Mecánica, la Holanda de Johan Cruyff, nunca fue campeona del mundo y sin embargo nadie discute que cambió el fútbol para siempre. Cruyff no jugó el Mundial del 78. La Naranja Mecánica llegó igual a la final. Y perdió las dos: la del 74 y la del 78. Ese equipo perdió dos finales del mundo y le ganó a la historia. Hoy todos recordamos que a pesar de ser segundo, era el mejor.

Esta Argentina ya ganó el título y ganó la historia.

No sabemos quién será campeón del mundo en 2026. Quien levante esa copa en julio merecerá todo el reconocimiento del mundo. Y no sabemos si algún día Kylian Mbappé, que tiene 27 años y 14 goles en Mundiales, superará los 18 de Messi. Si lo hace, lo celebraremos como hinchas del fútbol que somos. Porque los récords existen para batirse. Eso no le quitará nada a lo que Messi construyó. Es simplemente la prueba de que el fútbol siempre tiene algo más para darnos.

Pero para superar a Messi, primero habrá que alcanzarlo.

Y eso, hoy por hoy, está muy lejos.

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Gustavo

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