Medio Oriente

Lo que no te cuentan de Irán y el derecho a existir del pueblo judío

Escrito por Gustavo

El ataque con misiles de racimo en el sur de Israel es solo la superficie de una guerra que muchos prefieren no entender. Mientras los heridos se cuentan por cientos y el pánico dicta el ritmo de las noticias, hay que mirar atrás, al ADN de un conflicto que estalló en 1979 y que hoy tiene a medio Occidente encandilado con una teocracia fanática.

La realidad en el terreno es cruda: el Hospital Soroka hoy opera entre escombros y búnkeres subterráneos tras los impactos directos que destruyeron pediatría y oncología. No son errores de cálculo; son ataques contra la existencia misma. Detrás de los más de 300 heridos —como el niño de 10 años en estado crítico por metralla en Dimona o la pequeña de 4 años que lucha por su vida— está la voluntad de aniquilación que no distingue objetivos civiles.

Duele ver la ceguera de figuras como Sánchez o Macron, y de una izquierda que parece haber perdido la brújula, comprando discursos masticados mientras ignora la realidad de quienes debemos defendernos por el simple hecho de existir. En este escenario, la solidaridad tiene nombres propios: EE. UU., Reino Unido, Francia y Alemania han emitido condenas enérgicas, sumándose a voces como la de Uruguay, que manifestó su extrema preocupación por los ataques a civiles. Incluso organismos como la Asociación Médica Mundial (WMA) y la OMS han señalado la gravedad de violar los Convenios de Ginebra al atacar un hospital.

Del otro lado, el silencio de los cómplices. Rusia y China se esconden tras una “neutralidad” cínica que evita señalar responsabilidades, mientras Irán reivindica la ofensiva justificándola como una respuesta estratégica. Esta historia no empezó ayer; tiene raíces en Buenos Aires, en la AMIA y en una lucha por la supervivencia que va desde los búnkeres del Soroka hasta cada rincón de Israel. Negar el derecho a la defensa es negar la realidad de un pueblo que, hoy más que nunca, está bajo el fuego de la barbarie.ue con misiles de racimo en el sur de Israel es solo la superficie de una guerra que muchos prefieren no entender. Mientras los heridos se cuentan por cientos y el pánico dicta el ritmo de las noticias, hay que mirar atrás, al ADN de un conflicto que estalló en 1979 y que hoy tiene a medio Occidente encandilado con una teocracia fanática.

Duele ver la ceguera de figuras como Sánchez o Macron, y de una izquierda que parece haber perdido la brújula, comprando discursos masticados mientras ignora la realidad de quienes debemos defendernos por el simple hecho de existir. Esta historia no empezó ayer; tiene raíces en Buenos Aires, en la AMIA y en una lucha por la supervivencia que no admite medias tintas ni corrección política. Al final, se trata de entender quién es quién en este tablero donde la libertad siempre está bajo fuego.

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Gustavo

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