Medio Oriente

Irán “defiende Palestina”… y mata palestinos en Cisjordania

Escrito por Gustavo


Hay ideas que sobreviven incluso cuando la realidad las desmiente.
“Defender Palestina” es una de ellas.
Se repite en discursos, en universidades, en organismos internacionales y en marchas donde el nombre de Israel suele ir acompañado de acusaciones absolutas. Se repite tanto que parece un dogma.
Hasta que un misil cae sobre una peluquería.
Y entonces la consigna queda expuesta.
En Beit Awwa, al suroeste de Hebrón, un proyectil con munición de racimo impactó en un local civil. No en una base. No en un objetivo militar. En una peluquería.
Murieron cuatro mujeres palestinas.
El ataque fue atribuido a Irán.
El mismo Irán que construyó durante décadas su legitimidad regional presentándose como el principal defensor de la causa palestina y como el enemigo frontal del Estado de Israel.
Hay que detenerse un segundo en el tipo de arma.
La munición de racimo no es un error técnico. Es una decisión.
Se abre en el aire y libera decenas de submuniciones sobre un área amplia. Su lógica no es la precisión, sino la saturación. Fue pensada para campos de batalla abiertos, no para zonas civiles densamente pobladas.
Por eso es controversial.
Porque no distingue.
Y cuando no distingue, la ideología tampoco puede hacerlo.
Pero el dato central no está en la tecnología. Está en la historia.
Irán no “descubrió” la causa palestina. La adoptó como herramienta.
Desde la Revolución Islámica de 1979, el régimen iraní convirtió la oposición a Israel en un pilar de su identidad política y religiosa. No solo como política exterior, sino como narrativa interna.
Israel no es presentado como un adversario geopolítico.
Es presentado como un enemigo absoluto.
Y ahí es donde la cuestión deja de ser estratégica y pasa a ser ideológica.
Ese paso no es menor.
Cuando un conflicto se transforma en absoluto, todo se justifica. Incluso lo injustificable.
Incluso disparar un misil que termina matando a quienes se supone que se está defendiendo.
Aquí aparece un punto que rara vez se dice con claridad: gran parte del discurso contemporáneo que se presenta como “antisionista” no opera como una crítica política concreta, sino como una estructura ideológica que niega la legitimidad misma de la existencia de Israel.
Eso no es una política exterior.
Eso es una forma moderna de antisemitismo.
Una que ya no habla de “judíos” en términos clásicos, pero que traslada esa negación al plano colectivo: el derecho del pueblo judío a tener un Estado.
Irán ha sido uno de los principales exportadores de esa narrativa.
Financiando, armando y entrenando actores que no buscan negociar con Israel, sino eliminarlo.
No es casualidad.
Es coherencia ideológica.
Y en ese marco, la causa palestina deja de ser una causa humanitaria para convertirse en una herramienta.
Una bandera útil.
Un símbolo movilizador.
Pero no necesariamente una prioridad real.
La historia lo demuestra una y otra vez.
En 1948, en 1967, en 1973, la retórica en nombre de Palestina fue constante. Los resultados para los propios palestinos, no tanto.
El patrón se repite:
la causa se invoca… pero las decisiones se toman en otro lado.
Lo ocurrido en Beit Awwa es la versión más cruda de ese patrón.
Un misil disparado en una lógica regional de confrontación contra Israel termina cayendo sobre civiles palestinos.
No era el objetivo.
Pero es la consecuencia.

Fotografía de las víctimas del misil iraní que impactó en un salón de belleza femenino en la ciudad de Bayt Awa, en Cisjordania, entre ellas una mujer embarazada y una menor de edad: – Sahera Masalma (propietaria del salón) – Amal Masalma (seis meses de embarazo) – Mais Masalma (menor).

Y en política —como en la historia— las consecuencias importan más que las intenciones.
Hay otro detalle imposible de ignorar.
Parte del mismo ataque cayó del lado israelí, en la comunidad de Neta. No hubo víctimas.
La diferencia no es moral.
Es azar.
Las armas indiscriminadas no distinguen entre narrativas.
Mientras tanto, en la superficie global, el discurso sigue intacto.
Israel es acusado.
El sionismo es demonizado.
Y quienes dicen hablar en nombre de Palestina continúan operando con una lógica que, en los hechos, expone a esa misma población al riesgo constante.
La paradoja es brutal.
Se acusa al Estado judío de ser el problema central del Medio Oriente.
Pero cuando un actor que declara querer destruirlo actúa, las víctimas pueden ser palestinas.
La historia no es neutral.
Tampoco lo son los hechos.
Irán dice defender a los palestinos.
Pero en Beit Awwa, el misil no distinguió entre enemigo y causa.
Y cuando una ideología necesita enemigos absolutos, incluso aquellos a quienes dice proteger pueden terminar debajo de los escombros.

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Gustavo

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