La ofensiva conjunta entre Israel y Estados Unidos alcanzó objetivos de alto valor estratégico en Irán en un ataque coordinado contra infraestructuras de mando, instalaciones militares y nodos de comunicación del régimen. La operación fue descrita por fuentes oficiales como una fase decisiva destinada a neutralizar capacidades estratégicas y sistemas de misiles.
Reportes preliminares provenientes de medios israelíes y fuentes de inteligencia indican que varios altos mandos de la Guardia Revolucionaria y oficiales de alto rango iraníes habrían muerto durante los bombardeos. Las identidades específicas continúan bajo evaluación y no han sido confirmadas de manera independiente por autoridades internacionales.

Antes de los ataques, el líder supremo Alí Jamenei fue trasladado a una ubicación segura, según versiones oficiales. Los bombardeos impactaron complejos de mando, instalaciones defensivas y centros de control considerados clave para la estructura militar iraní.
En paralelo, Irán lanzó misiles hacia territorio israelí y contra activos aliados en el Golfo, mientras los sistemas de defensa aérea israelíes interceptaron múltiples proyectiles. Las autoridades de la coalición señalaron que las operaciones continuarán hasta alcanzar los objetivos estratégicos establecidos.

