Medio Oriente

Trump: como te digo una cosa, te digo la otra

Escrito por Gustavo

El cese al fuego entre Estados Unidos e Irán se rompió esta semana. O al menos eso fue lo que dijo Trump el miércoles en Ankara, parado en la cumbre de la OTAN, con la palabra “escoria” todavía resonando en la sala de prensa.

Todo arrancó el martes, cuando buques del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica atacaron tres embarcaciones comerciales que navegaban el estrecho de Ormuz por una ruta cercana a la costa de Omán —una ruta que no es la que Teherán pretende imponer como propia—. El mensaje detrás del ataque fue directo: quien no reconozca la autoridad iraní sobre el tránsito, paga. Y Estados Unidos respondió esa misma noche con bombardeos contra territorio iraní de mayor envergadura que las operaciones punitivas del mes anterior, a través del Comando Central.

En simultáneo, la Casa Blanca movió la ficha económica: revocó la “Licencia General X”, que permitía a Irán vender petróleo en mercados internacionales, y la reemplazó por la “Licencia General X1”, que directamente prohíbe nuevas ventas de crudo iraní y congela los fondos de las transacciones en curso. La Guardia Revolucionaria contestó asegurando haber destruido 85 instalaciones militares estadounidenses en Bahréin y Kuwait, y haber derribado un dron MQ-9 —cifras que, como todo parte de guerra, conviene tomar con la pinza correspondiente hasta que aparezca confirmación independiente.

Con ese cruce todavía caliente, Trump subió al atril en Ankara y no dejó margen para la ambigüedad. Llamó a los dirigentes iraníes “escoria” y “gente enferma”, agregó que si tuvieran un arma nuclear la usarían, y sentenció que negociar con Teherán es “una pérdida de tiempo”. Dejó una rendija abierta —sus negociadores, Witkoff y Kushner, pueden seguir hablando si quieren— pero fue clarísimo en que él, personalmente, ya no tiene ningún interés: “en lo que a mí respecta, se acabó”.

Del lado iraní la respuesta fue más calculada. Teherán no dijo explícitamente que el cese el fuego murió, pero tampoco lo sostuvo vivo. Su cancillería sostuvo que las acciones de Estados Unidos e Israel volvieron ineficaces elementos clave del acuerdo, mientras que el viceministro Kazem Gharibabadi acusó directamente a Washington de haberlo violado.

El petróleo, que no cree en la retórica pero sí en los hechos, reaccionó de inmediato: el Brent, que venía bajando desde los picos de abril y ya casi había vuelto a niveles previos a la guerra, saltó cerca de un 6%, superando los 78 dólares.

Ahora bien. Antes de dar por escrita la lápida de este acuerdo, vale la pena mirar para atrás, porque este mismo guion ya lo vimos correr dos veces en los últimos tres meses, y las dos veces terminó distinto de como empezó.

En abril, el día que vencía el primer alto el fuego, con el Air Force Two ya en la pista rumbo a Islamabad, Trump arrancó la jornada diciendo que esperaba estar bombardeando Irán nuevamente en el corto plazo. Esa misma tarde, en vez de reactivar los ataques, extendió la tregua, calificando a los funcionarios iraníes de “seriamente fracturados” en una publicación vespertina en Truth Social. Amenaza de bombardeo por la mañana, extensión de la paz por la noche, mismo día, mismo hombre.

Y hace apenas dos semanas volvió a pasar. Después de un fin de semana de choques en Oriente Medio, Trump escribió en Truth Social que Irán había pedido una reunión y que se iba a hacer al día siguiente en Doha. Mano tendida, diálogo, todo constructivo. Pero ese mismo lunes había otra publicación suya circulando, con el escenario exactamente opuesto: Estados Unidos completando “militarmente” el trabajo si Irán no entraba en razón, con la República Islámica dejando directamente de existir.

Ese es el patrón. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán funciona como un equilibrista sobre un cable ultrafino, con cien kilómetros por hora de viento en contra, y el que sostiene el otro extremo de la cuerda es el mismo que a veces la tensa y a veces la suelta, según lo que le convenga a esa hora del día. Por eso, después de leer los antecedentes de abril y de junio, la pregunta que queda no es si el acuerdo cayó del cable esta vez. Cayó, al menos en las palabras del propio Trump. La pregunta es cuánto va a tardar el mismo equilibrista en subirse otra vez, y qué va a estar diciendo esta madrugada en Truth Social cuando lo haga.

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