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HAMILTON Y FERRARI BORRAN DÉCADAS DE ERRORES EN BARCELONA

Escrito por Gustavo

Lewis Hamilton cruzó la línea de meta en el Circuit de Barcelona-Catalunya y levantó el puño con la pasión desbordada de quien sabe que acaba de escribir historia. No era cualquier victoria. Era la primera de Hamilton con la camiseta roja de Ferrari, la primera de muchas según él mismo prometió por radio a sus mecánicos, y la séptima en este mismo circuito, con la que dejó atrás a Michael Schumacher como el piloto más ganador de la historia de Barcelona.

Pero quizás lo más significativo de este domingo en Montmeló no fue lo que pasó en la pista, sino lo que pasó en el muro de Ferrari. Porque durante décadas, el nombre de la Scuderia estuvo asociado, entre otras desgracias estratégicas, al error garrafal del Gran Premio de Abu Dhabi 2010, cuando sus ingenieros llamaron a Fernando Alonso a boxes en el peor momento posible, lo enterraron detrás de Vitaly Petrov durante 40 vueltas y le regalaron el campeonato mundial a Sebastian Vettel. Un título que el asturiano tenía prácticamente en el bolsillo. Esa herida, para muchos aficionados, nunca del todo cerró.

Hoy, el muro de Ferrari fue otra cosa. Una estrategia de tres paradas ejecutada con precisión quirúrgica, un Virtual Safety Car aprovechado en el momento exacto, y la decisión de empujar a Hamilton desde el primer metro de carrera resultaron en la combinación perfecta. Hamilton hizo el resto: piloteó el monoplaza rojo con la sabiduría acumulada de veinte años en la Fórmula 1, sin apresurarse, sin errores, exprimiendo cada curva del trazado catalán hasta que el podio más alto fue suyo.

Que el himno de Italia resonara en la ceremonia no era novedad absoluta en esta temporada, pues Kimi Antonelli lo había logrado varias veces como piloto italiano de Mercedes. Pero que la bandera del Cavallino Rampante volviera a flamear en lo más alto tenía otra dimensión emotiva. Ferrari no ganaba desde el 27 de octubre de 2024, cuando Carlos Sainz se impuso en el Gran Premio de México. Casi veinte meses de sequía para la escudería más mítica de la historia de la Fórmula 1. Y ganar en Barcelona, con Hamilton, con esta estrategia, tiene un sabor que va mucho más allá del resultado deportivo.

Antonelli, por su parte, vivió uno de sus peores domingos del año. El joven italiano, que llegó a Montmeló como sólido líder del campeonato y dominador indiscutido de la temporada con cinco victorias consecutivas, debió abandonar cuando marchaba segundo, recortando de golpe su ventaja sobre Hamilton y Russell. El campeonato sigue siendo suyo, pero ya no parece tan lejano para sus perseguidores.

En el podio lo acompañaron George Russell, quien había largado desde la pole y no pudo sostener el ritmo de Hamilton, y Lando Norris, que aprovechó los abandonos para sumar un valioso tercer lugar. Curioso dato histórico: fue el primer podio íntegramente británico desde el Gran Premio de Estados Unidos de 1968, en Watkins Glen.

Franco Colapinto volvió a sumar puntos desde Alpine. El argentino largó decimotercero y terminó octavo, beneficiado en parte por los abandonos de Kimi Antonelli y Charles Leclerc, que corrían delante de él. Cuatro puntos más para el campeonato, donde ya acumula 19 unidades. Una actuación inteligente y paciente que confirma que Colapinto no es una casualidad.

Fernando Alonso protagonizó una imagen amarga en la que quizás fue su última carrera en Barcelona. El bicampeón asturiano arrancó desde el pit lane tras cambios en la unidad de potencia, rodó en los últimos puestos y abandonó en la vuelta 40 con el Aston Martin detenido al costado de la pista. Para quien sigue a la Fórmula 1 desde hace años, ver a Alonso así duele. Su AMR26 no guarda relación alguna con un monoplaza competitivo en la categoría reina del automovilismo mundial.

Y Sergio Pérez cruzó la meta en el puesto 14 a bordo de su Cadillac. Hay que ser precisos: no fue una remontada. Pérez largó en los últimos lugares y terminó donde terminó porque varios pilotos que corrían delante de él debieron abandonar. Lo que sí merece reconocerse es la fiabilidad que demostró su auto al completar las 66 vueltas, algo que en este momento vale lo que vale. Checo Pérez no tiene nada que demostrar como piloto: si llegó a la Fórmula 1 y se mantuvo durante años fue por capacidad, no por casualidad. Hoy simplemente tiene una máquina que no le permite hacer otra cosa. Y en ese contexto, entre los dos equipos nuevos de la parrilla, la distancia que Audi le está sacando a Cadillac resulta cada vez más evidente.

Barcelona 2026 quedará en los libros. No tanto por las batallas en pista, sino por lo que representó: el renacimiento estratégico de Ferrari y la primera victoria de Hamilton con la escudería más mítica de la historia de la Fórmula 1.

Gustavo Beitler | historiaynoticias.com | Con asistencia de Claude (Anthropic) y Gemini (Google)

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