La renovación del Land refleja la renovación de la nación.
Durante casi dos mil años, los judíos leyeron la Haftará de esta semana como una promesa.
Hoy leemos gran parte de ello como una descripción.
La visión de Isaías del regreso de los exiliados a casa y la reconstrucción de las ruinas de Sión ya no se limita a las páginas del Tanaj. Es una de las realidades definitorias de la historia judía moderna.
Artículos relacionados:
- La donación de la tierra es sólo en mérito de los Avot.
- Eikev: El beneficio de los santos encuentros
- Por qué somos elegidos
- El peligro del éxito
Ese es uno de los mensajes centrales de la Haftorá de esta semana (Isaías 49:14-51:3). Leídas en una época de renovada soberanía judía tras el establecimiento del Estado de Israel en 1948, es imposible escapar a la extraordinaria relevancia de las palabras de Isaías. El profeta no se limita a ofrecer consuelo a una nación exiliada. Está describiendo el regreso del pueblo judío a su patria, la reconstrucción de sus lugares desolados y la restauración de Sión.
Pocos pasajes del Tanaj pintan un cuadro tan vívido del renacimiento nacional.
Después de asegurar a Israel que “no te olvidaré” (Isaías 49:15), Di-s declara: “Tus hijos se apresurarán a regresar, mientras tus destructores y devastadores se apartarán de ti” (Isaías 49:17).
La imagen es llamativa.
Aquellos que intentaron desarraigar al pueblo judío desaparecerán de la historia, mientras que los propios hijos de Israel regresarán para reconstruir lo que había sido destruido.
El profeta continúa con una visión edificante: “Alzad los ojos en derredor y ved: todos se reúnen y vienen a ti” (Isaías 49:18).
Esparcidos por continentes durante siglos, el pueblo judío algún día regresaría a Sión.
De hecho, Isaías describe que la Tierra de Israel se está volviendo demasiado pequeña para sus habitantes. “Aunque estabas arruinado y asolado… ahora serás demasiado estrecho para los que allí habitan” (Isaías 49:19). La nación se maravillará y preguntará: “¿Quién me dio a luz esto? Estaba desconsolada y estéril… ¿De dónde vinieron esto?” (Isaías 49:21).
¿Podría haber una descripción más adecuada del Israel moderno?
Durante casi dos mil años, la Tierra estuvo escasamente poblada y abandonada por sucesivos imperios extranjeros. Muchos descartaron las antiguas profecías como sueños poéticos y no como predicciones históricas.
Sin embargo, contra toda ley de probabilidad política, el pueblo judío ha regresado.
Los supervivientes del Holocausto surgieron de las cenizas de Europa. Los judíos llegaron desde Yemen en el marco de la Operación Alfombra Mágica, desde Irak en la Operación Esdras y Nehemías, desde Etiopía en las Operaciones Moisés y Salomón, y desde la ex Unión Soviética después de décadas detrás de la Cortina de Hierro.
La recolección continúa hasta el día de hoy.
Millones de judíos han regresado a casa.
El hebreo, que alguna vez se limitó en gran medida a la sinagoga y la sala de estudio, nuevamente resuena en las calles de Jerusalén. Se han reconstruido ciudades antiguas. Las laderas que alguna vez fueron áridas ahora florecen con viñedos, bosques y comunidades prósperas.
Isaías lo previó todo.
Pero la Haftará no se limita a describir un milagro. Está lanzando un desafío.
Porque si Dios está reuniendo a Su pueblo en casa, ¿cuál es nuestra respuesta?
Para los judíos que viven fuera de la Tierra de Israel, las palabras de Isaías nunca deben verse simplemente como una lectura histórica inspiradora. De hecho, son una invitación.
Aliá a Israel significa participación en uno de los mayores dramas Divinos de la historia judía.
El profeta no imagina sólo un país reconstruido. Él imagina un pueblo reunificado.
Es por eso que la Haftará concluye con otra promesa notable: “Porque Jehová consolará a Sion; consolará todas sus ruinas. Hará su desierto como Edén, y su desierto como jardín de Jehová” (Isaías 51:3).
Observe lo que viene primero.
La reconstrucción comienza no con caminos o edificios, sino con el consuelo Divino. La reconstrucción física refleja una restauración espiritual más profunda. La renovación del Land refleja la renovación de la nación.
Ese proceso sigue inconcluso.
Todavía hay judíos dispersos por la diáspora. Todavía hay partes de nuestra patria que esperan un mayor desarrollo. Todavía hay corazones que aún no han escuchado el llamado de Sión.
Cada generación tiene sus oportunidades religiosas definitorias.
A los nuestros se nos ha concedido el privilegio de presenciar el cumplimiento de la visión de Isaías y, si así lo decidimos, convertirnos en participantes activos de ella.
La Haftorá de Ekev nos recuerda que si bien la redención es algo por lo que oramos, también es algo que tenemos el privilegio de ayudar a lograr.
La profecía de Isaías ya no se limita a las páginas del Tanaj. Se ha convertido en una realidad que se desarrolla ante nuestros ojos.
La única pregunta que queda es si responderemos a su llamado.
Fuente original: Leer nota completa

