Inmediatamente después del especial de Nochebuena, Juan Carlos y Mariano de Miguel rematan las fiestas con la secuela, dirigida esta vez por Renny Harlin, que traslada la acción al Aeropuerto Internacional Dulles de Washington en otra víspera de Navidad. McClane espera a que aterrice su mujer cuando un grupo de mercenarios toma el control de la torre de tráfico aéreo, poniendo en peligro docenas de aviones —incluido el de Holly— que orbitan sin combustible. El conversatorio compara inevitablemente ambas películas: la segunda gana en escala y espectacularidad pero pierde la claustrofobia y la vulnerabilidad que hacían tan especial a la primera.
Se debate si Die Hard 2 es una continuación digna o una repetición de fórmula con más presupuesto, y qué aporta de propio: el escenario exterior nevado, la subtrama militar con el general Esperanza como villano, y la introducción de la complicidad del sistema como parte del problema. El conversatorio también sitúa la película en el contexto del Hollywood de acción de principios de los 90, cuando la fórmula del héroe ordinario en circunstancias extraordinarias que Die Hard había inaugurado empezaba a ser masivamente imitada. Mariano de Miguel y Juan Carlos aprovechan para hacer balance del universo McClane antes de las entregas posteriores de la saga.

