Parte I de II. “Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado-George Orwell, mil novecientos ochenta y cuatro.
León J. Halac es contador y empresario. También es bisabuelo, argentino y sionista que publica artículos de opinión en Iton Gadol y AJN desde 2025.
Fondo
En noviembre de 1945, pocos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, las naciones reunidas en Londres adoptaron la Constitución de la UNESCO. Su Preámbulo establece claramente el propósito para el cual fue creada la organización:
“Dado que las guerras comienzan en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben construirse las defensas de la paz.”
Declara además:
“Que una paz basada exclusivamente en los acuerdos políticos y económicos de los gobiernos no aseguraría el apoyo unánime, duradero y sincero de los pueblos del mundo y que, por lo tanto, esa paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad”.
La UNESCO se fundó para ayudar a garantizar que tragedias como las guerras mundiales y el Holocausto nunca vuelvan a ocurrir, fortaleciendo la paz a través de la educación, la ciencia, la cultura y la cooperación intelectual entre los pueblos.
Para cumplir esa misión, sus decisiones deben basarse en evidencia histórica, arqueológica, científica y cultural verificable, inspirada en los principios éticos universales sobre los que se fundó la organización, más que en intereses políticos temporales.
La UNESCO no fue creada para resolver disputas teológicas o para determinar qué tradición religiosa posee mayor legitimidad espiritual. Su misión es proteger el patrimonio cultural compartido de la humanidad, preservar la memoria histórica y promover la coexistencia pacífica entre los pueblos.
El artículo 1(c) de su Constitución establece:
“Ayudará a la conservación, el avance y la difusión del conocimiento, asegurando la conservación y protección del patrimonio mundial de libros, obras de arte y monumentos de historia y ciencia”.
En octubre de 2016, la UNESCO adoptó la Resolución 200 EX/PX/DR.25, que reafirma la importancia de la Ciudad Vieja de Jerusalén y sus murallas para las tres religiones monoteístas, al tiempo que declara que su objetivo es “salvaguardar el patrimonio cultural de Palestina y el carácter distintivo de Jerusalén Este.”
Pero el deber de la UNESCO es salvaguardar el patrimonio cultural de todos los pueblos, no priorizar el patrimonio de un pueblo sobre otro.
Ningún voto mayoritario, por grande que sea, puede alterar los principios sobre los que se fundó la UNESCO.
Como declara su propio Preámbulo:
“Una paz basada exclusivamente en acuerdos políticos y económicos de los gobiernos no aseguraría el apoyo unánime, duradero y sincero de los pueblos del mundo.“
Un voto mayoritario tampoco puede anular otro de sus principios fundacionales:
“Esa paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad”.
La declaración original:
Durante muchos años, se afirmó que Moshe Dayan había “entregado el Monte del Templo al Waqf”, pero si volvemos a la fuente original (la declaración que Dayan pronunció el 7 de junio de 1967, pocas horas después de la reunificación de Jerusalén) no encontramos ninguna referencia al Waqf, ni ninguna transferencia de soberanía.
La declaración original es clara:
“Esta mañana, las Fuerzas de Defensa de Israel liberaron Jerusalén. Hemos reunido Jerusalén, la capital dividida de Israel. Hemos regresado al más sagrado de nuestros lugares sagrados, para no separarnos nunca más de él.
A nuestros vecinos árabes les extendemos, incluso en este momento -y con especial énfasis- nuestra mano en paz. A nuestros conciudadanos cristianos y musulmanes, prometemos solemnemente plena libertad y derechos religiosos. No hemos venido a Jerusalén para visitar los lugares santos de otros pueblos, ni para interferir con los seguidores de otras religiones, sino para salvaguardar su integridad y vivir allí junto con los demás, en unidad.”-Moshé Dayán, 1967
El curso posterior de los acontecimientos difirió profundamente de la visión expresada por Dayan. Su oferta de paz y coexistencia no fue recibida con un reconocimiento recíproco, sino con una confrontación recurrente. Su compromiso con la plena libertad religiosa evolucionó, en la práctica, hacia restricciones cada vez mayores a la oración judía en el Monte del Templo, mientras Israel seguía protegiendo el acceso a los lugares sagrados de todas las religiones.
Durante las décadas siguientes, los repetidos estallidos de violencia en el Monte del Templo reforzaron un ciclo en el que las medidas de seguridad y la confrontación política se volvieron inseparables.
Finalmente, incluso el propio nombre “Al-Aqsa” fue invocado para legitimar campañas de violencia, que culminaron en la “Operación Inundación de Al-Aqsa”, el nombre elegido por Hamás para su ataque terrorista del 7 de octubre de 2023.
Análisis
A la luz de los principios fundacionales de la UNESCO, es legítimo preguntarse si la Resolución 200 EX/PX/DR.25 sigue siendo fiel al mandato original de la organización.
La Constitución de la UNESCO nunca tuvo como objetivo proteger el patrimonio cultural de un pueblo a expensas de otro. Fue creado para salvaguardar el patrimonio universal de la humanidad. Cuando una resolución parece privilegiar una narrativa nacional sobre un sitio reconocido como poseedor de valor histórico universal, inevitablemente surgen serias dudas sobre su fidelidad a ese mandato.
Ninguna mayoría temporal puede modificar los principios fundacionales de la UNESCO. Su propio Preámbulo nos recuerda que la paz no puede sostenerse únicamente mediante acuerdos políticos, sino que debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad.
Por esa razón, La historia debe estudiarse a través de documentos originales, evidencia arqueológica y fuentes verificables, no a través de narrativas políticas cambiantes.
Este estudio demuestra con qué facilidad la repetición puede reemplazar a la verdad. Un retorno a las fuentes primarias revela que las afirmaciones ampliamente aceptadas no siempre se corresponden con el registro documental. También confirma la necesidad de fundamentar toda interpretación histórica en evidencia original.
Cuando una organización internacional ignora esas fuentes y adopta resoluciones que contradicen los principios sobre los que fue fundada, la cuestión deja de ser meramente académica. Se vuelve institucional, legal y moral.
Conclusión
Este trabajo no busca reescribir la historia.
Su propósito es regresar a los documentos originales y permitirles guiar nuestra comprensión del pasado.
Porque cuando las fuentes hablan, las narrativas deben estar dispuestas a corregirse.
UNESCO should repeal Resolution 200 EX/PX/DR.25. Los Estados miembros que la apoyaron deberían reconocer su responsabilidad y disculparse públicamente por respaldar una resolución que distorsiona un sitio del patrimonio histórico universal.
Las Naciones Unidas, como organización matriz de la UNESCO, también deberían reconocer su responsabilidad institucional de validar decisiones incompatibles con los principios sobre los que se fundaron ambas organizaciones.
Cuando la historia es manipulada por las mismas instituciones encargadas de protegerla, no sólo se traiciona el pasado sino que también se pone en riesgo el futuro mismo.
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