Honduras y el giro pragmático de Nasry Asfura en el escenario internacional
Por Historia y Noticias – Análisis internacional
Las elecciones generales celebradas a fines de 2025 marcaron un nuevo punto de inflexión en la política exterior de Honduras. Más allá del debate interno sobre el proceso electoral, el cambio de ciclo político abrió una etapa de reajuste diplomático, caracterizada por la búsqueda de estabilidad, previsibilidad y recomposición de vínculos estratégicos.
Desde comienzos de 2026, la política exterior hondureña ha comenzado a mostrar señales claras de reorientación, tanto en sus prioridades como en su tono discursivo, en un contexto regional atravesado por tensiones geopolíticas, crisis migratorias y redefiniciones de alianzas.
Un giro hacia la previsibilidad diplomática
Uno de los primeros rasgos del período posterior a las elecciones ha sido el abandono de la retórica confrontativa e ideologizada que caracterizó etapas previas. El nuevo enfoque privilegia una diplomacia pragmática, centrada en intereses concretos: seguridad, cooperación económica, inversión y gobernabilidad.
Este giro no implica una ruptura abrupta con la etapa anterior, sino más bien un reordenamiento de prioridades, con especial énfasis en la reconstrucción de la confianza internacional y la estabilidad institucional.
Estados Unidos vuelve al centro del tablero
La relación con Estados Unidos ha recuperado centralidad. Desde inicios de 2026 se ha observado un relanzamiento del vínculo bilateral, especialmente en tres ejes:
- Seguridad regional y lucha contra el narcotráfico
- Gestión de los flujos migratorios
- Cooperación institucional y técnica
Sin grandes anuncios, pero con gestos consistentes, Honduras ha vuelto a presentarse como un socio confiable en Centroamérica, en un momento en que Washington prioriza la contención de crisis migratorias y la estabilidad política en la región.
China, continuidad sin protagonismo político
Las relaciones diplomáticas con la República Popular China, establecidas en el ciclo anterior, se han mantenido, aunque con un perfil más bajo. El nuevo gobierno ha optado por desideologizar el vínculo, limitándolo a aspectos comerciales, de infraestructura y cooperación económica.
Este enfoque busca evitar una lectura de alineamiento geopolítico automático y encuadrar la relación dentro de una lógica de diversificación prudente, sin desplazar a los socios tradicionales.
Multilateralismo sobrio y énfasis regional
En los foros multilaterales, Honduras ha reducido la retórica grandilocuente y ha optado por una participación más técnica, enfocada en temas de:
- Desarrollo sostenible
- Cambio climático
- Derechos humanos
- Fortalecimiento institucional
A nivel regional, se observa una política exterior menos polarizada, con disposición al diálogo tanto con gobiernos de izquierda como de centroderecha, priorizando la cooperación centroamericana y los mecanismos de concertación regional.
Medio Oriente y política de bajo perfil
En contraste con etapas anteriores, Honduras ha adoptado una actitud de bajo perfil en los asuntos de Medio Oriente, evitando posicionamientos que generen fricciones innecesarias. La relación con Israel se mantiene en términos diplomáticos formales, sin el protagonismo político que tuvo en otros momentos.
Este enfoque responde a una estrategia de neutralidad operativa, orientada a evitar la importación de conflictos externos al escenario interno y regional.
Balance provisorio
A pocos meses del cambio de gobierno, la política exterior hondureña muestra tres rasgos centrales:
- Pragmatismo: prioridad a resultados concretos sobre definiciones ideológicas.
- Reequilibrio: recomposición del vínculo con Estados Unidos sin romper con otros socios.
- Moderación: menor exposición discursiva y mayor foco técnico-diplomático.
El desafío hacia adelante será convertir esta normalización diplomática en beneficios tangibles para el desarrollo del país, en un entorno internacional cada vez más competitivo y fragmentado.
En ese marco, Honduras parece apostar por una política exterior menos estridente, pero más funcional, alineada con una lógica de estabilidad y previsibilidad que busca dejar atrás años de vaivenes y redefinir su lugar en la región.
