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Mientras el mundo gira (contra Israel)

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Aprendamos a mirar estos acontecimientos mundiales a través de la lente de Chazal, nuestros Sabios.

Aprendamos a mirar estos acontecimientos mundiales a través de la lente de Chazal, nuestros Sabios.

Hay momentos en la historia en los que los titulares parecen menos noticias y más una página arrancada a nuestros sabios y santos Sabios. El tono cambiante de la comunidad internacional, el creciente coro de críticas, la sensación de que Israel -pequeño en tamaño, pero inmensa en importancia- está cada vez más solo. Para muchos esto es alarmante. Para aquellos que han aprendido las palabras de nuestros Sabios, es algo completamente distinto: familiar.

Jazal (nuestros Sabios) enseñó que en el período anterior a la Geulah, las naciones del mundo se alinearían contra Israel. No necesariamente por una ideología unificada, sino a través de una convergencia de intereses, presiones y narrativas. Los Midrashim y las declaraciones en Chazal describen un momento en el que Israel estará aislado, rodeado no sólo física, sino también diplomática y moralmente. Para el oído moderno, esto suena sorprendentemente contemporáneo.

Y, sin embargo, estas enseñanzas nunca tuvieron como objetivo infundir miedo únicamente. Estaban destinados a proporcionar claridad.

Porque el mismo Chazal que advirtió sobre un mundo que se volvería contra nosotros, también prometió algo mucho mayor: que la salvación no vendría a través de alianzas, no a través de vientos políticos cambiantes, sino directamente del Ribbono Shel Olam. Cuando todos los apoyos externos desaparecen, lo que queda es la verdad esencial: que el destino de Am Israel no depende de la aprobación de las naciones.

Este no es un llamado a ignorar las realidades de la geopolítica. Israel debe actuar con sabiduría, responsabilidad y fuerza. Pero detrás de la estrategia se esconde algo más profundo: el reconocimiento de que la historia no es aleatoria y ciertamente no está separada de las promesas hechas a nuestro Pueblo.

El profeta Zacarías habla de un tiempo en el que “todas las naciones de la tierra se reunirán contra Jerusalén”. Es una imagen cruda. Pero el verso no termina ahí. Continúa con la intervención divina, con Jerusalén no abandonada, sino defendida. La reunión de las naciones no es la conclusión: es el preludio.

De manera similar, la Guemará en el Sanedrín describe tiempos turbulentos antes de la llegada del Mashíaj: confusión, agitación y una sensación de que el mundo ha perdido su brújula moral. Éstas no son meras descripciones del caos; son señales que nos guían para comprender dónde nos encontramos en la historia que se desarrolla.

Es fácil desanimarse cuando los aliados de larga data flaquean, cuando las instituciones internacionales adoptan un tono que se siente menos como justicia y más como fijación. Pero quizás esto también sea parte del proceso que describió Chazal: un despojo gradual de las ilusiones. La idea de que nuestra seguridad depende de la buena voluntad de los demás es reconfortante, pero no duradera.

Hay un consuelo más profundo, aunque requiere un tipo diferente de fortaleza: el conocimiento de que no estamos solos, incluso cuando parece que lo estamos.

A lo largo de nuestra historia, los momentos de aislamiento a menudo han precedido a momentos de profunda transformación. Cuando el pueblo judío estaba al borde del mar, no había aliados ni soluciones diplomáticas; sólo un camino a seguir que requería fe. Cuando regresamos a nuestra Tierra después de siglos de exilio, no fue porque el mundo nos abrazó repentinamente, sino porque algo más profundo estaba obrando.

Así también hoy. Los desafíos que enfrentamos en el escenario mundial pueden intensificarse. La retórica puede agudizarse. La sensación de distanciamiento puede aumentar. Pero si vemos estos acontecimientos a través de la lente de Chazal, no son signos de abandono: son etapas de un proceso que en última instancia conduce a la Redención.

Esta perspectiva no elimina la dificultad. No hace que los titulares sean más fáciles de leer ni las críticas más fáciles de escuchar. Pero sí transforma la narrativa. En lugar de preguntar: “¿Por qué el mundo se está volviendo contra nosotros?” comenzamos a preguntar: “¿Qué estamos llamados a reconocer?”

Quizás nos estén recordando quiénes somos y el papel único que desempeñamos en la historia. Quizás estemos siendo guiados, gentilmente o no, a cambiar nuestra dependencia de lo temporal a lo eterno.

Y tal vez, sólo tal vez, estemos siendo testigos de los primeros capítulos de una historia que Chazal comenzó a contar hace mucho tiempo, una historia que no termina con el aislamiento, sino con la Redención.

A medida que el mundo gira, también lo hace la historia. Y si escuchamos con atención, podremos escuchar en su giro no sólo el ruido del conflicto, sino también la silenciosa promesa que nos ha acompañado desde el principio: que Am Israel no está solo, y nunca lo ha estado.

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