En Medio Oriente hay muchas cosas difíciles de explicar: las alianzas que cambian de forma cada cinco años, las venganzas que duran generaciones y la misteriosa capacidad de algunos generales para desaparecer justo antes de que un misil llegue a destino.
En esa categoría peculiar parece haberse instalado Esmail Qaani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní. Su trabajo consiste en coordinar la red de milicias y aliados de Teherán desde Líbano hasta Yemen. Dicho de otro modo: uno de los cargos más peligrosos del planeta.
En ese puesto, la esperanza de vida suele ser limitada.
Pero Qaani parece jugar con otras probabilidades.
Mientras la región se llena de funerales militares, él siempre aparece un poco antes… o un poco después.
Primera vida
Septiembre de 2024. Beirut. Reunión de alto nivel de Hezbollah.
Dentro del edificio estaban varios dirigentes clave, incluido su líder histórico, Hassan Nasrallah. También estaba Qaani.
En algún momento de la reunión, el general iraní se retiró.
Minutos después Israel bombardeó el edificio. La cúpula de Hezbollah quedó enterrada bajo los escombros.
Qaani no estaba.
La primera coincidencia.
Segunda vida
Un mes después ocurrió algo todavía más extraño: Qaani desapareció.
Durante semanas no hubo fotos, discursos ni apariciones públicas. En Teherán empezaron a circular rumores incómodos: que la propia Guardia Revolucionaria lo estaba interrogando por posibles filtraciones al Mossad.
Varios medios lo dieron por muerto.
Pero los muertos rara vez asisten a funerales.
Semanas después Qaani reapareció caminando tranquilamente en Teherán durante una ceremonia oficial, como si hubiera estado ocupado en tareas administrativas.
Tercera vida
Junio de 2025. Guerra abierta entre Israel e Irán durante doce días.
Misiles, drones, sabotajes y operaciones encubiertas. El tipo de conflicto donde los altos mandos no suelen vivir demasiado.
En medio del caos comenzaron a circular informes: Qaani había muerto en un ataque.
Otra vez.
Poco después apareció en Teherán en una celebración pública. Sin uniforme. Con ropa civil y una gorra de béisbol que parecía comprada en el duty free de algún aeropuerto.
Nada en su actitud sugería que hubiera estado muerto la semana anterior.
Cuarta vida
El episodio más desconcertante llegó el 28 de febrero de 2026.
Medios iraníes informaron que Qaani había estado en la residencia del líder supremo, Ali Khamenei.
Se retiró.
Minutos después el lugar fue atacado. Khamenei murió.
Y Qaani, otra vez, no estaba.
Tres veces puede ser casualidad. Cuatro empieza a parecer un patrón.
El detalle incómodo
Israel publicó recientemente una lista de funcionarios iraníes considerados objetivos prioritarios.
La lista —según dijeron— estaba completa.
El nombre de Qaani no figuraba.
Y como si el guion necesitara un toque adicional de ironía, la cuenta oficial del Mossad en persa publicó un mensaje breve:
“Qaani no es nuestro espía”.
En inteligencia, negar algo públicamente suele producir exactamente el efecto contrario.
Las siete vidas
Teherán insiste en que todo esto es propaganda israelí. Guerra psicológica. Desinformación.
Es posible. Las guerras modernas también se libran con rumores, operaciones encubiertas y pequeñas piezas de teatro mediático.
Pero aun así queda una escena difícil de ignorar: un general que siempre se levanta de la mesa unos minutos antes de que llegue el misil.
En una región donde abundan los mártires, Qaani parece haberse especializado en otra cosa.
La supervivencia.
Por ahora el comandante de la Fuerza Quds sigue caminando por Teherán con la calma de un hombre que parece conocer el final de la película antes que el resto.
Los gatos tienen siete vidas.
Qaani, según la contabilidad provisional de esta guerra, ya gastó cuatro.
Le quedarían tres.
En Medio Oriente eso puede significar años… o apenas el tiempo que tarda en llegar el próximo misil.

