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La ONU y el arte de normalizar lo absurdo

Escrito por Gustavo

Querido, hoy leí algo que me dejó ese sabor raro, mezcla de risa nerviosa y preocupación. Irán fue elegida vicepresidenta de una comisión de la ONU que va a trabajar sobre democracia, igualdad de género, tolerancia y no violencia. Me quedé mirando la pantalla unos segundos. Pensé que era una broma. O una cuenta parodia. Pero no. Irán. Igualdad de género.

Un país donde las mujeres pueden terminar detenidas por cómo se visten. Donde la disidencia no es exactamente bienvenida. Donde el poder no cambia por voto popular sino por estructura religiosa. Y ahí están, ayudando a “promover la democracia”. No sé si el mundo se volvió cínico o si simplemente dejó de sonrojarse. Y lo peor es que no es nuevo. Ya vimos a China sentada en el Consejo de Derechos Humanos como si nada. Vimos a la propia Irán en la comisión sobre la condición de la mujer hasta que el escándalo fue demasiado grande. Vimos a Rusia ocupando lugares de supervisión mientras hacía exactamente lo contrario de lo que esos espacios dicen defender. Uno empieza a sentir que la ONU es esa institución que en teoría representa lo mejor de la humanidad, pero en la práctica funciona como una reunión de gobiernos —y muchos gobiernos no son precisamente ejemplos de libertad. Siempre nos vendieron a la ONU como “la buena de la película”. El lugar donde, después del horror del siglo XX, el mundo decidió ponerse reglas. Y sin embargo, a veces parece más bien una sala donde todos hablan de valores que varios de los presentes no practican. No es conspiración. Es algo más simple y quizás más inquietante: es política pura. Votan los Estados. Y muchos Estados no son democráticos. Así que el resultado no siempre tiene que ver con coherencia moral, sino con bloques, alianzas y conveniencias.

Pero igual… no deja de ser inquietante. Porque si el organismo que debería marcar un estándar termina normalizando estas contradicciones, uno se pregunta qué significa realmente “promover la democracia”. Capaz soy ingenuo. Capaz la ONU nunca fue lo que imaginamos. Pero cada vez que leo noticias así siento que el mundo se volvió un poco más absurdo. Y lo que más me preocupa no es la ironía. Es que ya casi no sorprende.
Un abrazo.

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Gustavo

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