La ofensiva israelí-estadounidense incorporó en las últimas horas operaciones dirigidas contra objetivos de alto valor en Teherán. Fuentes citadas por medios israelíes indican que, además de los bombardeos aéreos, se emplearon municiones merodeadoras de alta precisión contra instalaciones vinculadas al entorno presidencial y al liderazgo supremo iraní. Las estructuras impactadas en el distrito de Pasteur presentan daños severos, mientras el líder supremo fue evacuado previamente a una ubicación segura.
Reportes adicionales señalan ataques con munición de penetración profunda contra accesos subterráneos en zonas estratégicas de la capital, con el objetivo de inutilizar redes de túneles asociadas a la cúpula militar. Las evaluaciones preliminares describen afectación significativa en infraestructuras de mando y comunicación.

En el frente regional, el Pentágono confirmó una acción aérea en Jurf al-Sakher, Irak, contra milicias pro-iraníes vinculadas a lanzamientos de drones. En paralelo, tras el impacto registrado en instalaciones de la Quinta Flota en Bahréin, Estados Unidos elevó al máximo el nivel de protección en bases del Golfo, manteniendo operativas las capacidades navales.
Dentro de Israel, equipos de defensa civil continúan trabajando en zonas afectadas por metralla y restos de interceptaciones en Haifa, donde un edificio residencial fue evacuado. En el plano económico, reportes financieros señalan una fuerte depreciación del rial iraní en mercados paralelos tras el inicio de la ofensiva.

El Mando Central de EE. UU. desmintió versiones difundidas en redes sobre supuestos ataques contra infraestructura civil en Minab, calificándolas como parte de una campaña de desinformación destinada a desviar la atención de la degradación de sistemas defensivos iraníes.

