Medio Oriente

El profesor del 7 de octubre

Escrito por Gustavo

Cuando un director de escuela termina coordinando un ataque terrorista, el problema difícilmente sea sólo un empleado.

En Gaza parece que la educación permite desarrollar habilidades bastante diversas.

El caso de Hafez Mousa Mohammed Mousa, director de escuela empleado por la UNRWA, ofrece un ejemplo particularmente ilustrativo. Según investigaciones posteriores al ataque del 7 de octubre organizado por Hamas, el educador habría mantenido comunicaciones con miembros del grupo mientras el asalto se desarrollaba. Investigaciones del inspector general de USAID señalaron además que actuó como operativo del batallón Este de Jabalia de Hamas, coordinando comunicaciones en tiempo real durante el ataque.

La UNRWA lo suspendió en abril de 2024 y lo despidió en agosto tras su investigación interna. En febrero de 2026, Estados Unidos lo incluyó en una lista de exclusión por diez años de programas financiados con fondos federales debido a sus vínculos con organizaciones terroristas.

Un currículo peculiar: director escolar durante el día, operador de comunicaciones durante una masacre.

Cuando el asunto salió a la luz ocurrió lo que suele ocurrir en el ecosistema diplomático internacional. Primero incredulidad. Luego investigación. Después suspensión. Finalmente despido.

Es el protocolo habitual cuando una institución se ve obligada a admitir algo que durante meses prefirió no examinar demasiado de cerca.

Los antecedentes

El problema, sin embargo, no empieza ni termina con un individuo.

Desde antes del 7 de octubre, y con mayor claridad después de la ofensiva israelí en Gaza, se acumularon denuncias sobre vínculos entre personal, infraestructura o recursos de la UNRWA y Hamas.

Informes de inteligencia israelí sostienen que cientos de empleados locales de la agencia tendrían vínculos con Hamas o con la Yihad Islámica Palestina. En 2024 Israel entregó a Naciones Unidas una lista con un centenar de nombres identificados como operativos o colaboradores de organizaciones armadas.

La investigación interna de la ONU analizó 19 de esos casos: en nueve consideró que la evidencia podía indicar participación en los ataques y los empleados fueron despedidos; en otros no se halló evidencia suficiente.

También se denunciaron casos de uso militar de instalaciones civiles. Durante operaciones en Gaza, el ejército israelí informó haber encontrado túneles, armas o infraestructura de Hamas en o cerca de escuelas y edificios vinculados a la agencia.

La UNRWA sostiene que cuando detecta esas situaciones las reporta y clausura las estructuras encontradas. Sus críticos responden que, en un territorio gobernado por Hamas desde 2007, la infiltración de instituciones civiles no es exactamente un fenómeno improbable.

El informe Colonna encargado por Naciones Unidas en 2024 reconoció problemas de neutralidad institucional —declaraciones políticas de personal, materiales educativos cuestionados o influencia sindical— y recomendó reforzar los mecanismos de control. No concluyó, sin embargo, que existiera una infiltración terrorista masiva dentro de la agencia.

La pregunta incómoda

El problema, entonces, no es solamente un profesor con doble vida.

Las organizaciones grandes siempre tienen empleados problemáticos.

La pregunta es otra.

La UNRWA emplea a más de trece mil personas en Gaza. Todas ellas trabajan en una sociedad gobernada desde 2007 por Hamas, organización que no sólo actúa como milicia sino también como poder político, estructura social y autoridad de facto.

Suponer que ese entorno no ejerce ninguna influencia sobre las instituciones locales financiadas por la comunidad internacional exige un nivel de optimismo que bordea lo teológico.

Pero el sistema diplomático internacional tiene un reflejo bastante consolidado frente a estos episodios: convertirlos en anomalías.

Un empleado radicalizado.
Un fallo administrativo.
Un incidente aislado.

Siempre la excepción.

Nunca el contexto.

Y así el sistema continúa funcionando con admirable normalidad. Las agencias siguen operando, los donantes siguen financiando y los informes se archivan cuidadosamente.

Mientras tanto, la realidad permanece donde siempre estuvo.

No en el informe.
No en el comunicado.

Sino en un sistema internacional que parece sentirse mucho más cómodo administrando los efectos del problema que enfrentando su origen.

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Gustavo

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