Se puede considerar que el Seder recorre un arco completo: identificar el dolor, compartir la historia, abrazar el viaje y dejarse llevar por la fe.
Cada año, las familias judías se reúnen alrededor de la mesa de Pesaj y abren la Hagadá. La tarde se llama Séder, que significa “orden”. Sin embargo, cualquiera que lo lea atentamente podría preguntarse: ¿en qué orden?
Los niños hacen preguntas. Las historias interrumpen las historias. Las canciones aparecen en el medio. Debatimos sobre los antiguos sabios, derramamos vino para las plagas, hacemos una pausa para cenar a mitad de camino y luego volvemos a las oraciones y la poesía.
A primera vista puede parecer casi aleatorio.
Pero la verdad es todo lo contrario. El Seder no está desorganizado en absoluto. Su orden no es cronológico sino emocional. Guía a una nación paso a paso a través del viaje psicológico desde el trauma hasta la redención.
De hecho, la estructura del Seder refleja fielmente un marco descrito por el psicólogo de Harvard, Dr. David Rosmarin, quien estudia cómo las personas enfrentan la ansiedad. Rosmarin describe cuatro etapas para superar una crisis:
Identificar, compartir, abrazar y dejar ir.
Sorprendentemente, el Seder sigue exactamente el mismo orden.
1. Identificar (Kadesh | Urjatz | Tiendas de campaña | Yachatz)
La velada comienza no con una explicación sino con un ritual. primero viene Kidush, santificando la fiesta como “un recuerdo del Éxodo de Egipto”. Incluso antes de que comience la historia, volvemos a ese momento que cambió nuestra vida.
Luego viene la verdura bañada en agua con sal. Es un gesto pequeño pero poderoso. La verdura representa el crecimiento de la tierra. El agua salada representa las lágrimas. El mensaje es simple: no hay crecimiento sin lágrimas.
Finalmente, se parte la matzá del medio y se esconde la mitad. Estos actos de apertura reconocen silenciosamente que algo en la historia humana está roto, pero colocan esa ruptura dentro de un marco sagrado. El dolor es real, pero no abruma la velada.
En lenguaje de Rosmarin, la experiencia ha sido identificado.
2. Compartir (Maggid)
Sólo ahora el Seder comienza el largo proceso de contar historias. Toda esta sección se llama maggid, que literalmente significa “contar”. De hecho, la palabra Hagadá en sí mismo proviene de esa misma raíz; simplemente significa contando la historia.
Los niños preguntan por qué esta noche es diferente. Los adultos relatan la esclavitud en Egipto y el viaje hacia la libertad. La historia se extiende a través de generaciones y voces.
La psicología moderna comprende por qué esto es importante. El dolor que permanece en silencio se hace más intenso. El dolor que se comparte da sentido.
El Seder insiste en que cada generación debe verse a sí misma como parte personal de esta historia. Al contarlo una y otra vez, nosotros, el pueblo judío, transformamos el sufrimiento en propósito y la supervivencia en destino.
3. Abrazar (Rajtzá | Motzi Matzá | Maror | Korej)
La siguiente etapa no es evitar el dolor sino aceptarlo.
Antes de comer los alimentos simbólicos, el Seder introduce un momento sorprendente: la canción Dayeinu. Los versos recorren todo el camino de la redención, paso a paso: salir de Egipto, cruzar el mar, vagar por el desierto, recibir la Torá, entrar en la Tierra de Israel. No es simplemente una celebración. Es un mapa del difícil camino en sí.
La redención no llegó de repente. Se desarrolló a través de etapas, cada una con sus propias luchas e incertidumbres. Al enumerar cada paso, Dayeinu nos enseña a abrazar el proceso en lugar de esperar un final perfecto desde el principio.
Y, sin embargo, el estribillo “Hubiera sido suficiente” ofrece un suave empujón hacia algo más profundo: la conciencia de que el viaje en sí está guiado por una Mano que no podemos ver. Sólo después de esta reflexión saboreamos los alimentos simbólicos, cada uno de los cuales lleva un doble mensaje.
matzá Es el pan de la libertad porque se coció rápidamente cuando nuestros antepasados huyeron apresuradamente de Egipto. Sin embargo, es también el pan de la pobreza, el simple alimento de los esclavos. Libertad y dificultad, lado a lado.
Marejada, las hierbas amargas, nos obligan a saborear la amargura de la esclavitud. Sin embargo, están bañados en dulce charoset, recordándonos cómo los seres humanos pueden acostumbrarse a casi cualquier cosa, incluso a la opresión, y por qué abandonar Egipto no solo fue una liberación sino también un salto hacia lo desconocido.
Y luego está el Cordero pascual, simbolizado hoy por el hueso asado en el plato del Seder. Recuerda el coraje de los israelitas que estuvieron dispuestos a sacrificar al dios animal de los egipcios la noche antes de que golpearan a sus primogénitos. Pero también apunta hacia el día en que la ofrenda de Pascua será llevada nuevamente a una Jerusalén reconstruida.
Luego combinamos la matzá y el maror en un solo bocado. El mensaje es profundo: la redención no borra el sufrimiento. Lo integra.
La amargura y la libertad deben mantenerse juntas si se quiere entender la historia con honestidad.
4. Déjalo ir (Shulján Orej | Tzafun | Barej | Hallel | Nirtzah)
La etapa final se desarrolla en torno a la comida misma. Comemos la comida festiva para que cuando llegue el Afikoman ya no tengamos hambre. La comida se termina deliberadamente. No es necesario añadir nada más.
Más temprano en la noche, partimos la matzá del medio y escondimos la mitad. Ahora regresa como la cata final de la noche. Y ese es precisamente el punto. El Seder no termina con el esfuerzo sino con la realización. Dejamos de comer. Dejamos de sumar. Simplemente nos sentamos con el sabor final.
Es un tranquilo recordatorio de que una vez que hemos hecho nuestra parte (contado la historia, enfrentado la amargura, celebrado el viaje) llega un momento en el que debemos liberar nuestras ansiedades, dejar de lado nuestra culpa y confiar en que el resto de la historia está en manos de Dios.
Ahora el Seder asciende con el canto de los Salmos Hallel, canciones antiguas que celebran el poder redentor de Dios. Alaban a Dios por elevar a los oprimidos y transformar la historia en formas que los seres humanos nunca podrían predecir.
En este punto la perspectiva cambia. Los participantes se alejan de los eventos individuales de la historia y comienzan a ver el patrón más amplio.
La velada concluye con canciones divertidas pero profundas, que incluyen Chad Gadia, la historia del “un niño pequeño”. En la canción, cada fuerza de la historia abruma a la anterior hasta que finalmente Dios mismo aparece y pone fin a la cadena.
El mensaje no podría ser más claro. La historia puede parecer una serie interminable de luchas humanas por el poder, pero la historia no pertenece al imperio más fuerte ni al último agresor.
Al final, tenemos que dejarnos llevar y dejar a Dios.
Se puede considerar que el Seder recorre un arco completo: identificar el dolor, compartir la historia, abrazar el viaje y dejarse llevar por la fe.
Lo que al principio parece una velada dispersa de rituales y canciones resulta ser un viaje cuidadosamente coreografiado, desde la memoria de la esclavitud hasta la confianza de que la historia de la redención aún se está desarrollando.
Rabino Leo Dee es un educador que vive en Efrat. Su libro “‘Las siete facetas de la curación’ está dedicado a la memoria de su esposa Lucy, quien, junto con sus hijas Maia y Rina, fue asesinada por terroristas en abril de 2023. Está disponible en Amazon.com enhttps://www.amazon.com/Seven-Facets-Healing-Leo-Dee/dp/9659329105 y en Israel desdehttps://bookpod.co.il/product/the-seven-facets-of-healing/
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