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Australia en Debate: Cuando la Propaganda Empieza a Costar Vidas

Escrito por Gustavo

El ataque terrorista en Bondi Beach durante la celebración de Janucá dejó 15 muertos y más de 40 heridos. No fue un episodio aislado. Fue un punto de quiebre.

Desde el 7 de octubre, Australia pasó a ser el país donde más judíos han sido asesinados por su condición de judíos. Esa realidad no se construyó en un día. Se fue incubando en el discurso público.

Durante meses, el clima se degradó. Consignas que no criticaban políticas sino que cuestionaban la existencia misma del Estado judío. Manifestaciones donde la línea entre activismo y deshumanización dejó de ser visible. Espacios universitarios donde la complejidad fue reemplazada por simplificación moral.

Cuando se repite lo suficiente que un Estado es ilegítimo, quienes se identifican con él dejan de ser ciudadanos comunes. Pasan a ser extensiones simbólicas del enemigo. Y cuando alguien es reducido a símbolo, su humanidad se debilita.

La propaganda no necesita llamar explícitamente a la violencia. Le basta con erosionar legitimidades.

El ataque en Bondi Beach no surgió del vacío. Ocurrió en el contexto de una celebración religiosa. Janucá conmemora la resistencia frente a la persecución. La elección del momento no fue casual.

En ese escenario llegó Isaac Herzog. No para protocolaridad, sino para advertir. “El antisemitismo no es solo un problema judío. Es un problema nacional”.

También marcó el límite: “La crítica a Israel es legítima. Pero cuando se convierte en demonización y niega al pueblo judío el derecho a la autodeterminación, cruza una línea roja”.

Esa línea se cruzó en el discurso antes de cruzarse en la calle.

Las universidades no frenaron la radicalización retórica. Los medios no contextualizaron con equilibrio. La clase política evitó confrontar con claridad las consignas que negaban derechos fundamentales.

No fue incitación directa. Fue permisividad.

Ninguna democracia se transforma de un día para otro. Primero normaliza el lenguaje extremo. Después tolera la exclusión simbólica. Finalmente enfrenta hechos que ya no puede explicar como simples excesos.

Bondi Beach no fue solo un ataque. Fue la evidencia de que la propaganda tiene consecuencias reales.

Cuando Herzog dijo que “cuando los judíos se sienten inseguros en una democracia, esa democracia debe mirarse al espejo”, no estaba formulando una metáfora. Estaba describiendo una responsabilidad.

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Australia está en debate. Pero el debate dejó de ser abstracto el día que 15 personas murieron por su identidad y más de 40 resultaron heridas.

El discurso no es inocente.

Y cuando se ignora eso, el precio se mide en vidas.

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Gustavo

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