Américas

Argentina: Quiero ser palestine. Canal de Emmanuel Danann

Escrito por Gustavo

Propaganda militante, banalización del conflicto y desinformación política

Activismo simbólico disfrazado de causa humanitaria

En los últimos días circuló una acción promovida por militantes de izquierda, con respaldo de algunos sindicatos y el aval simbólico de una embajada, bajo el lema “Quiero ser palestine”. La iniciativa consistió en simular solicitudes de ciudadanía palestina, acompañadas de fotografías y formularios ficticios, difundidas como gesto de “solidaridad” con la causa palestina.

Conviene decirlo sin rodeos: no existe ningún proceso legal real detrás de esta acción. No hay ciudadanía palestina accesible por esta vía, ni validez jurídica alguna. Se trata de una puesta en escena ideológica, diseñada para impactar en redes sociales y reforzar un relato político, no para aportar soluciones ni comprensión.

Performatividad política y militancia de cartón

Este tipo de acciones encaja en una tendencia cada vez más visible: el activismo performático, donde el gesto simbólico reemplaza al análisis y la foto sustituye al conocimiento. Formularios, sellos y poses cuidadosamente escenificadas cumplen una función clara: construir identidad militante, no informar.

El conflicto palestino-israelí, uno de los más complejos del escenario internacional contemporáneo, queda reducido a una consigna emocional, vacía de historia, derecho internacional y contexto regional. El resultado es una narrativa simplista, apta para consumo rápido, pero profundamente engañosa.

Solidaridad selectiva y propaganda unilateral

Manifestar preocupación por el sufrimiento civil es legítimo. Lo que resulta problemático es cuando esa preocupación se convierte en propaganda ideológica, donde se omiten actores armados, se borra el terrorismo, se ignoran responsabilidades internas y se presenta el conflicto como una ecuación moral infantil: buenos absolutos contra malos absolutos.

Estas campañas no informan, adoctrinan. No explican, simplifican. Y al hacerlo, alimentan la desinformación y la radicalización del discurso público, especialmente entre audiencias que no cuentan con herramientas históricas para distinguir solidaridad genuina de manipulación política.

La izquierda identitaria y su desconexión con la realidad

El episodio “Quiero ser palestine” expone una deriva más amplia de ciertos sectores de la izquierda occidental: la adopción de conflictos internacionales como símbolos identitarios locales, sin compromiso con la verdad histórica ni con las consecuencias reales de lo que se defiende.

El conflicto en Medio Oriente se transforma así en una bandera emocional, útil para reafirmar pertenencia ideológica, pero completamente desligada de la realidad sobre el terreno. No hay interés en comprender la historia, las guerras, los acuerdos fallidos o la coexistencia posible. Solo hay consignas.

Banalización de un conflicto real

Simular una ciudadanía inexistente no ayuda a los palestinos, no protege civiles y no acerca ninguna solución. Por el contrario, banaliza un conflicto trágico, reduce décadas de historia a un acto performático y convierte una tragedia real en contenido militante de corto alcance.

En tiempos donde la desinformación circula más rápido que los hechos, estas acciones no son inocentes. Confunden, polarizan y degradan el debate público.

Conclusión

“Quiero ser palestine” no es diplomacia, no es activismo serio y no es solidaridad efectiva. Es propaganda simbólica, diseñada para reforzar una narrativa ideológica y generar impacto visual. Frente a conflictos complejos, la historia, el contexto y el análisis riguroso no son opcionales: son imprescindibles. Todo lo demás es ruido.

Acerca del Autor

Gustavo

Deje un comentario