Américas

Tan distintos… hasta que aparece el amor por Irán

Escrito por Gustavo

El gesto de Guido Manini Ríos en la embajada iraní revive una paradoja incómoda en América Latina: cuando aparece el régimen de Teherán, actores políticos de extremos ideológicos terminan coincidiendo en una indulgencia difícil de explicar frente a un gobierno vinculado al atentado contra la AMIA.



La política latinoamericana tiene una curiosidad recurrente.
La izquierda y la derecha pueden enfrentarse durante décadas por la economía, la historia o el papel del Estado. Pero cuando aparece el régimen iraní en el escenario, algo extraño sucede: las diferencias ideológicas empiezan a volverse sorprendentemente flexibles.


No ocurre siempre.
Pero ocurre con una frecuencia que ya no puede considerarse casual.
Esta semana el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, visitó la embajada iraní en Montevideo para firmar el libro de condolencias por la muerte del líder supremo del régimen, Ali Jamenei.
La explicación fue breve: un gesto hacia el pueblo iraní, que habría perdido a su líder espiritual.
El problema es que la historia del Río de la Plata tiene muy poca paciencia con ese tipo de simplificaciones.

Un edificio que se convirtió en advertencia
En Buenos Aires hay un edificio que ya no es solamente un edificio.
Es memoria.
En 1994 una bomba destruyó la sede de la AMIA.
Ochenta y cinco muertos.
Más de trescientos heridos.
El atentado terrorista más grave ocurrido en América Latina.
La investigación judicial argentina concluyó que el ataque fue organizado por altos funcionarios del régimen iraní y ejecutado por Hezbollah.
Por eso cada gesto político hacia la cúpula del régimen iraní inevitablemente tiene una carga histórica.
No es un simple protocolo diplomático.
Es una señal.

El recordatorio que nadie debería necesitar
La reacción no tardó.
Una carta dirigida a Cabildo Abierto rechazó el gesto y recordó algo que en el Río de la Plata debería ser elemental: el régimen iraní fue señalado por la justicia argentina como responsable del atentado contra la AMIA.
El documento advierte que expresar condolencias hacia ese liderazgo ignora el contexto de terrorismo internacional y de violaciones sistemáticas de derechos humanos que rodea al régimen.
La crítica no se dirige al pueblo iraní.
Se dirige al régimen que lo gobierna.
La diferencia debería ser obvia.

La paradoja latinoamericana
Aquí aparece el detalle más revelador.
Porque este tipo de gestos tiene antecedentes en la región.
Durante años el dirigente argentino Luis D’Elía defendió públicamente al régimen iraní y cuestionó las acusaciones vinculadas al atentado contra la AMIA.
D’Elía proviene de la izquierda populista.
Manini de un nacionalismo conservador.
Dos universos ideológicos que, en teoría, deberían estar en extremos opuestos.
Sin embargo, cuando el tema es Irán, esas distancias empiezan a acortarse de una manera bastante llamativa.
Los mapas ideológicos latinoamericanos, al parecer, tienen algunas zonas curiosamente elásticas.

Irán y el conflicto que muchos prefieren no mirar
El problema con Irán no se limita a un atentado.
Desde la revolución islámica de 1979, el régimen ha construido su política exterior sobre una mezcla reconocible: represión interna, apoyo a milicias regionales y una hostilidad permanente hacia Israel.
Esa hostilidad no es solo estratégica.
Es ideológica.
La negación del derecho del pueblo judío a la autodeterminación forma parte del discurso central del régimen y ha sido identificada por numerosos estudios como una expresión contemporánea del antisemitismo político.
Por esa razón cada gesto diplomático hacia Teherán genera inquietud en buena parte del mundo democrático.
No se trata de susceptibilidad.
Se trata de memoria histórica.

Una lección que la historia repite
La historia del siglo XX dejó una observación incómoda.
Muchas ideologías se declaraban enemigas irreconciliables.
Pero cuando aparecía el antisemitismo o la hostilidad hacia Israel, esas diferencias solían evaporarse con una rapidez sorprendente.
No siempre.
Pero demasiadas veces.
Hoy ese fenómeno vuelve a asomar, de manera más sutil, en distintos lugares del mundo.
América Latina no es la excepción.

El verdadero significado de estos gestos
El episodio de Manini Ríos no define por sí solo la política exterior uruguaya.
Pero sí revela algo importante.
Las democracias occidentales enfrentan una pregunta simple: cómo relacionarse con regímenes que combinan represión interna, patrocinio del terrorismo y una hostilidad abierta hacia el Estado judío.
Cada gesto hacia esos regímenes transmite un mensaje.
A veces ese mensaje es diplomático.
Otras veces es moral.
La historia del Río de la Plata sugiere que conviene pensar bien cuál de los dos se está enviando.

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Gustavo

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