Ablanedo regresa para uno de sus conversatorios más ambiciosos: rastrear las raíces ideológicas y culturales del nazismo no en Hitler sino en la larga historia del pensamiento alemán. El punto de partida es el fin del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806 y la humillación de la ocupación napoleónica, que actuó como catalizador de un nacionalismo alemán moderno basado en la identidad étnica más que en la ciudadanía ilustrada. Se analiza cómo el Romanticismo y el movimiento völkisch construyeron una noción de identidad alemana fundamentada en la sangre y la tierra, en abierta ruptura con los valores universalistas de la Ilustración francesa.
El conversatorio sigue la línea hasta la incorporación del darwinismo social y las teorías pseudocientíficas del siglo XIX, que proporcionaron una cobertura de aparente rigor científico al antisemitismo y a la jerarquía racial. Ablanedo muestra cómo estas ideas no eran marginales sino que impregnaban la academia, la literatura y la política alemanas mucho antes de que Hitler apareciera en escena, lo que explica por qué el nazismo encontró tan poco rechazo intelectual organizado dentro de Alemania. La transformación del pensamiento prusiano tras la derrota de Jena y la unificación bismarckiana también figura como factor que predispuso a la sociedad alemana hacia formas de liderazgo autoritario.
La conclusión central del episodio, que Ablanedo desarrolla con su formación jurídica e histórica, es que el mal nazi no fue un accidente ni una anomalía, sino el resultado de una construcción ideológica previa de décadas que fue sedimentando en la cultura alemana capas de pensamiento que luego el nazismo supo articular y radicalizar. Un episodio que funciona como complemento directo al conversatorio no. 137 sobre la República de Weimar y al no. 211 sobre el Tercer Reich.

